Diálogo corporal en Alicante. Otra forma de mirar una molestia que lleva tiempo contigo.
Y llevan tiempo contándola.
Es una historia que se ha ido escribiendo sin que te dieras cuenta, durante años, en silencio. Hasta que un día algo sale de ese silencio: una molestia, una tirantez, una zona que ya no se mueve como antes.
Normalmente vemos esas cosas como sucesos sueltos. La rodilla por un lado, el cuello por otro, la espalda que va y viene. Pero muchas veces están relacionadas entre sí, y esa relación no se ve si miramos cada pieza por separado.
El diálogo corporal es una forma de mirar esa historia entera.
Mirar un pie con atención suele contar más que mirar la zona que duele.
Esto es para ti si
- Llevas tiempo con una molestia que va y viene, y nadie ha terminado de explicarte por qué.
- Has pasado por consultas, pruebas, tratamientos y tandas de ejercicios, y algo ha mejorado, pero no del todo.
- Te han dicho que es desgaste, que es la edad, o que tienes que fortalecer.
- No quieres otro protocolo. Quieres entender qué está pasando.
Y no es para ti si buscas que alguien te diga en la primera sesión cuánto vas a tardar en estar bien. Eso no te lo voy a decir, y más abajo te explico por qué.
Se empieza siempre por un Encuentro Inicial. 60 minutos, en Alicante centro.
Qué es el diálogo corporal
No tengo acceso a lo que te pasa por dentro. Tengo acceso a lo que tu cuerpo hace cuando le propongo algo.
Así que en lugar de empezar decidiendo qué te ocurre, empiezo preguntando. Propongo un movimiento, un apoyo, una posición. Miro qué cambia. Y desde lo que ha cambiado, propongo lo siguiente.
Eso es el diálogo: no una secuencia que traigo preparada de casa, sino una conversación en la que lo que responde tu cuerpo decide por dónde seguimos.
Lo que buscamos en esa conversación no es corregirte. Es encontrar un hilo del que tirar: algo pequeño que, al moverlo, cambia otra cosa en un sitio que no esperabas.
Qué pasa en una sesión
Primero, de pie. Te pido que te observes. Qué notas, dónde te apoyas, qué te llega estando simplemente de pie contra la gravedad. Tú me cuentas lo que sientes por dentro y yo te digo lo que veo desde fuera. Ninguna de las dos cosas es la verdad entera: juntas dan bastante más información que cada una por separado.
De ahí sale el primer hilo.
Después, en camilla. Hago movimientos con un lado y con el otro, y comparo. Quiero ver de cuánto movimiento disponen tus caderas, tu columna, tu cuello, tus hombros. No busco la postura correcta. Busco dónde hay opciones y dónde se han ido reduciendo.
Y a partir de ahí, estimulamos y observamos. Activo ciertos músculos y miramos qué cambia en otro sitio. Si cambia algo, seguimos por ahí. Si no cambia nada, también es información, y probamos otra cosa.
En la camilla no tienes que sostenerte ni completar ningún ejercicio. Por eso aparecen cosas que de pie no se ven.
Por qué los pies y el cuello
Son los dos extremos del cuerpo, y en mi experiencia están mucho más conectados de lo que parece.
Y aquí hay algo que suele sorprender: no hace falta que me cuentes todo tu historial para que aparezca. Una lesión antigua, una zona que llevas años protegiendo sin darte cuenta, una operación de hace diez años. Todo eso forma parte de cómo te organizas hoy, porque tu cuerpo no organiza cada zona por su cuenta. Y acaba apareciendo en cómo apoyas.
Tu historia sale en los pies.
Por eso trabajo mirando sobre todo ahí: lo que ocurre en los pies lo compruebo en el cuello, y al revés. No me creo lo que veo en un sitio hasta que lo confirmo en el otro. Esa doble lectura es lo que me permite distinguir un cambio real de una casualidad.
Y no suelo trabajar los músculos grandes. Trabajo donde el cuerpo tiene más precisión: manos, dedos, pies, mandíbula y la musculatura que mueve los ojos. Son zonas pequeñas que, cuando se estimulan, se acompañan de cambios en sitios que no esperarías.
Y sí, también los ojos
No afirmo que los ojos curen nada. Digo que estimular esa musculatura se acompaña de cambios en otras partes del cuerpo, que lo observo sesión tras sesión y que se ha convertido en un pilar de mi trabajo.
No lo doy por verdad absoluta. Lo compruebo cada vez.
Más opciones, no una postura correcta
Cuando una zona lleva tiempo moviéndose poco, el cuerpo tiene menos opciones disponibles. No es que se mueva mal: es que se mueve siempre igual.
Lo que intento es devolverle opciones. Que una cadera, un pie o un cuello que solo hacía una cosa pueda hacer tres. A eso lo llamo libertad: no es poder hacer cualquier cosa, es tener entre qué elegir.
Y eso no significa que una manera sea mejor que otra. Significa que hay más donde elegir. Porque cuando el cuerpo tiene más opciones, responde distinto ante las situaciones de todos los días: al agacharte, al caminar un rato largo, al levantarte de la silla por la mañana.
¿Y si tengo artrosis, una hernia o una escoliosis?
Es probablemente lo que estás pensando ahora mismo.
Y te lo digo claro: la artrosis no la vamos a quitar. Una hernia tampoco, ni una escoliosis.
Lo que sí podemos cambiar son las condiciones en las que esa artrosis vive en ti.
Porque entre tener artrosis y lo que esa artrosis supone en tu día a día hay bastante distancia. Cómo te agachas. Cuánto aguantas de pie. Qué gestos has ido evitando sin darte cuenta. Cuántas opciones le quedan a esa zona para repartirse el trabajo. Todo eso sí se mueve.
Esto no sustituye a tu médico ni a tu fisioterapeuta. Es otra manera de mirar, y conviven bien.
No te prometo que vaya a cambiar. Te digo que es ahí donde vamos a mirar.
Entonces, ¿cuántas sesiones voy a necesitar?
Te voy a dar la respuesta honesta: no lo sé.
Esto es un proceso, no un tratamiento con un número de sesiones cerrado. Hacemos una primera y vemos cómo respondes. Te mando algo sencillo para casa. A las dos semanas hacemos otra y miramos qué ha pasado con eso: si se mantuvo, cuánto duró, qué notaste tú. A partir de ahí espaciamos, cada tres, cuatro o cinco semanas, según cómo vaya.
Lo que no te voy a decir nunca es que en cinco sesiones esto desaparece.
Lo que sí hacemos es buscar relaciones pequeñas y concretas. Si me dijiste que a los diez pasos aparecía la molestia, la siguiente vez te voy a preguntar cuándo aparece ahora. Ese tipo de detalle dice mucho más que cualquier promesa.
Y después, moverse
El diálogo corporal no termina en la camilla.
Lo que se abre en una sesión hay que usarlo, y eso ocurre moviéndote. No necesariamente entrenando fuerte, ni apuntándote a nada: moviéndote de una manera que podamos ir ajustando según lo que vayas notando.
Tenemos distintos formatos para eso, y no hay uno que sirva para todo el mundo. Cuál te encaja lo decidimos cuando sepamos cómo responde tu cuerpo, no antes.
Lo que no cambia es el enfoque. No es hacer repeticiones: es seguir explorando. Si aparece algo que no estaba, una tensión o una molestia nueva, me lo cuentas y vemos qué es. A veces es una tendencia que conviene seguir. A veces es solo un gesto concreto.
Esa es la diferencia: no estás a solas interpretando lo que te pasa.
Lo práctico
Encuentro Inicial. 60 minutos. Es la puerta de entrada y no se salta. Hablamos, miro cómo te mueves, te cuento qué estoy viendo y decidimos juntos si esto tiene sentido para ti.
⏱️60 minutos · 💶55 € la sesión · Bono de 5 por 250 €
🗺️Pintor Velázquez 47, Alicante centro, junto al Mercado Central
Las sesiones las hago yo, Alejandro
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