Durante años se ha dicho que la artrosis es una consecuencia natural del envejecimiento. Sin embargo, no todas las personas mayores tienen artrosis, y no todas las articulaciones envejecen igual. ¿Por qué? Porque la artrosis no solo tiene que ver con la edad, sino con cómo se relacionan nuestras articulaciones entre sí, es decir, con nuestra postura corporal en Alicante. Este artículo te ayudará a entender cómo los desajustes posturales cambian los puntos de contacto articular, generan fricción y, con el tiempo, favorecen el desgaste.
Cuando la postura corporal cambia, también cambia la forma en que las fuerzas se transmiten entre las articulaciones. Esto puede generar lo que llamamos fricción al movimiento, pequeñas resistencias internas que, con el tiempo, favorecen el desgaste articular.
¿Qué es la artrosis y por qué se produce?
La artrosis es un daño progresivo en la superficie del hueso, en la zona que recubre las articulaciones. Podríamos decir que es una especie de “desgaste en la piel del hueso”, el cartílago, que actúa como una capa protectora y deslizante entre dos superficies óseas.
Cuando el cartílago se deteriora —por fricción, sobreuso o mala alineación— las superficies ya no se deslizan con suavidad, sino que rozan directamente entre sí.
Ese roce genera pequeñas microfisuras o “micro-roturas” en la capa articular, y con el tiempo el cuerpo responde con inflamación, dolor y rigidez.
La articulación empieza entonces a adaptarse: puede generar osteofitos (picos óseos) o cambiar su forma para intentar estabilizarse.
Por eso la artrosis no aparece de un día para otro; necesita años de fricción anómala para que ese desgaste se acumule. Y aquí es donde entra en juego la postura corporal en Alicante: es la que determina dónde y cómo se produce ese roce.
La artrosis aparece cuando el cartílago pierde su capacidad de deslizamiento y las superficies articulares empiezan a rozar entre sí.
La fricción articular: muchas veces el origen del desgaste
Antes de que aparezca una artrosis visible en una prueba médica, el cuerpo suele pasar por una fase previa en la que las articulaciones trabajan con más fricción de la que deberían.
Esta fricción aparece cuando las fuerzas del cuerpo dejan de distribuirse de forma equilibrada.
Pequeños cambios en la postura, en la organización del movimiento o en la forma en que el cuerpo compensa pueden alterar el encaje articular.
Cuando esto ocurre:
algunas zonas empiezan a soportar más carga
las superficies articulares rozan más entre sí
aparecen microfricciones repetidas
Durante un tiempo estas fricciones pueden no generar dolor. Sin embargo, si se mantienen durante años, pueden contribuir al desgaste progresivo de la articulación.
En ese sentido, la artrosis no suele aparecer de un día para otro, sino que muchas veces es el resultado de una historia más larga de fricción, compensaciones y cambios en la organización del movimiento.
La artrosis más allá de la edad
La edad influye, sí, pero no es la causa directa.
La artrosis aparece cuando una articulación soporta cargas y presiones repetidas en zonas donde no debería haber tanto contacto. Cada articulación está diseñada para moverse dentro de un rango y con una distribución de presión equilibrada. Cuando esa distribución cambia, se crean puntos de fricción que, con los años, generan inflamación y deterioro del cartílago.
👉 Por eso hay personas mayores sin artrosis: sus articulaciones han estado mejor alineadas, sus puntos de contacto han sido más equilibrados y sus movimientos más armoniosos.
El tiempo no destruye las articulaciones por sí solo: las desgasta el uso desalineado.
Como muestra el estudio “Gait- and postural-alignment-related prognostic factors for hip and knee osteoarthritis”, factores como la alineación de la rodilla, la forma de apoyar el pie o cómo se distribuye la carga durante la marcha influyen directamente en la progresión de la artrosis.
Esto refuerza la idea de que no se trata solo de “desgaste por edad”, sino de cómo se organizan las fuerzas en el cuerpo en cada paso.
Cómo la postura corporal altera los puntos de contacto articular
Imagina una rodilla, una cadera o una vértebra. Cada una tiene superficies articulares (carillas) diseñadas para encajar de forma precisa. Cuando nuestra postura se altera —por ejemplo, una pelvis rotada, un pie que pisa mal, o un hombro adelantado—, esas superficies dejan de coincidir como deberían.
El resultado es un contacto desigual:
ciertas zonas de la articulación soportan más carga,
el cartílago se sobreutiliza en esas áreas, y el resto queda infrautilizado o bloqueado.
Con el tiempo, esas micro-friccionesrepetidas actúan como un desgaste localizado. La articulación pierde su fluidez y aparece el contexto perfecto para la artrosis: inflamación crónica, pérdida de movilidad y dolor.
Como muestra el estudio “Association between foot posture and tibiofemoral contact forces during barefoot walking in patients with knee osteoarthritis”, la forma en la que apoyamos el pie influye directamente en cómo se distribuyen las fuerzas en la rodilla durante la marcha.
En concreto, se ha observado que ciertas alteraciones en la pisada, como el pie plano, se asocian a un aumento de la carga en la zona medial de la rodilla. Esto implica que no todas las partes de la articulación trabajan igual: algunas soportan más presión de la que les corresponde, generando puntos de sobrecarga y favoreciendo el desgaste.
Esto encaja con lo que vemos en la práctica: cuando el apoyo del pie no está bien organizado, la carga no se reparte de forma equilibrada y aparecen micro-fricciones repetidas que, con el tiempo, crean el contexto perfecto para la artrosis.
Por qué trabajar la postura puede prevenir (o aliviar) la artrosis
La buena noticia es que el cuerpo tiene una enorme capacidad de reorganización. Cuando mejoramos nuestra postura corporal en Alicante, reducimos las zonas de fricción, redistribuimos la carga y ayudamos a las articulaciones a moverse de forma más equilibrada. Esto no regenera el cartílago ya dañado, pero disminuye la progresión del desgaste y mejora la calidad del movimiento.
El trabajo postural bien guiado:
devuelve simetría a las articulaciones,
mejora la relación entre cadera, rodilla y pie,
y reduce la tensión muscular compensatoria que agrava la fricción.
En Equilibrio Club (Alicante), este enfoque se traduce en reeducación postural y movimiento consciente, adaptado a cada persona, con el objetivo de volver a moverse sin dolor y sin desgaste innecesario.
Si quieres entender mejor cómo funciona este proceso, puedes leer nuestro artículo sobre reeducación postural y cómo recuperar la alineación natural del cuerpo.
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En resumen: menos fricción, más vida articular
La artrosis no es solo una cuestión de edad, sino de mecánica y tiempo. Cuanto más equilibradas estén tus articulaciones, menos fricción sufrirán y más años podrás moverte con comodidad.
En Equilibrio Club analizamos cómo se relacionan tu postura, tus articulaciones y tu movimiento para reducir esa fricción y mejorar la forma en que tu cuerpo se mueve.
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