Puede que quieras volver a entrenar, ganar fuerza o sentirte más ágil, pero que no te apetezca entrar en un gimnasio, recibir una rutina y limitarte a repetir ejercicios.
Quizá llevas tiempo sin entrenar, tienes alguna molestia, has pasado por una lesión o simplemente buscas una forma de hacer ejercicio más acompañada y capaz de adaptarse a lo que vaya ocurriendo contigo.
Y entonces puede aparecer una duda: ¿necesito ejercicio terapéutico o entrenamiento personal?
La respuesta quizá sea más sencilla de lo que parece: no tienes por qué saberlo antes de empezar.
Una sentadilla puede servir para desarrollar fuerza y, al mismo tiempo, permitirnos observar qué ocurre contigo. Podemos modificar una posición, una carga o una forma de realizar un ejercicio y utilizar lo que aparece para decidir qué tiene sentido hacer después.
Por eso, en Equilibrio Club no entendemos necesariamente el ejercicio terapéutico y el entrenamiento personal como dos caminos separados.
Podemos entrenar mientras exploramos. Podemos desarrollar capacidades físicas mientras vamos conociendo cómo respondes a diferentes propuestas.
En este artículo vamos a explorar qué diferencias existen entre ejercicio terapéutico y entrenamiento personal y, sobre todo, por qué quizá no necesites elegir entre uno y otro antes de empezar.
¿Qué diferencia hay entre ejercicio terapéutico y entrenamiento personal?
A primera vista puede parecer sencillo diferenciarlos.
El entrenamiento personal suele asociarse con objetivos como ganar fuerza, mejorar la condición física, aumentar la capacidad para realizar determinadas tareas o progresar en el entrenamiento.
El ejercicio terapéutico, en cambio, suele aparecer cuando existe dolor, una lesión, alguna limitación o cuando la persona necesita una propuesta especialmente adaptada a su situación.
Pero esta separación tiene límites.
Porque una persona puede querer ganar fuerza y tener al mismo tiempo una molestia. Puede necesitar recuperar confianza en determinados movimientos y querer mejorar su capacidad física. O puede empezar entrenando sin dolor y encontrarse con una respuesta inesperada durante un ejercicio.
Las personas no siempre caben limpiamente en una categoría.
Y los propios ejercicios tampoco.
Una sentadilla, una mancuerna, una banda elástica o una máquina no pertenecen por sí mismas al ejercicio terapéutico o al entrenamiento personal. Lo que hacemos con esa propuesta, para qué la utilizamos y cómo respondemos a lo que ocurre durante su realización puede cambiar completamente la interacción.
Por eso, más que preguntarnos únicamente qué tipo de ejercicio estás haciendo, en Equilibrio Club nos interesa una pregunta diferente:
¿Qué ocurre contigo cuando lo haces?
¿Y si entrenar y explorar no fueran dos cosas separadas?
Imagina que estás realizando un ejercicio de fuerza y aparece una molestia, una dificultad o simplemente una sensación diferente a la que esperabas.
Podríamos decidir que ese ejercicio no es adecuado para ti y sustituirlo inmediatamente. Pero también podemos utilizar esa situación para construir una pregunta.
¿Qué ocurre si cambiamos alguna de las condiciones? ¿Y si modificamos el apoyo, la amplitud, la carga o la posición? ¿Qué sucede cuando volvemos después al ejercicio inicial?
La respuesta que aparezca no nos dice automáticamente por qué ha ocurrido esa molestia ni qué significa. Pero puede proporcionarnos información para decidir qué tiene sentido explorar a continuación.
Y mientras hacemos todo esto, no hemos dejado necesariamente de entrenar.
Sigues moviendo una resistencia. Sigues desarrollando fuerza y otras capacidades físicas. Lo que cambia es que tu respuesta también participa en las decisiones que vamos tomando.
Por eso, la frontera entre ejercicio terapéutico y entrenamiento personal puede empezar a hacerse menos importante.
No necesitamos dedicar una primera etapa exclusivamente a comprender tu cuerpo para después comenzar a entrenarlo. Podemos entrenar mientras comprendemos y comprender mientras entrenamos.
Entonces, ¿qué papel tiene el profesional?
Si no existe una frontera rígida entre ejercicio terapéutico y entrenamiento personal, podría parecer que basta con ir adaptando los ejercicios según lo que vaya ocurriendo.
Pero acompañar a una persona implica algo más.
La función del profesional no consiste únicamente en elegir ejercicios, controlar su ejecución o decidir cuánto peso utilizar. Su conocimiento y experiencia también pueden ayudarle a construir buenas preguntas a partir de la información que aparece.
Si durante un ejercicio notas algo diferente, podemos preguntarnos con qué tendría sentido contrastarlo. Si una modificación cambia la experiencia, podemos explorar si esa respuesta se mantiene. Si no ocurre lo que esperábamos, podemos abandonar esa hipótesis y probar otro camino.
La hipótesis no tiene que ganar.
Esto no significa que cualquier respuesta nos revele qué está ocurriendo en tu cuerpo. Tampoco que cada sensación necesite ser interpretada.
Significa que lo que aparece durante el entrenamiento puede formar parte de la información con la que decidimos qué hacer después.
Ahí el conocimiento del profesional adquiere un papel importante: no porque tenga que conocer de antemano todas las respuestas, sino porque puede disponer de más recursos para saber qué preguntar con la información que va apareciendo.
No necesitas recuperarte primero para empezar a entrenar
Cuando existe dolor, una lesión previa o cierta inseguridad al moverse, es fácil pensar que primero hay que recuperar el cuerpo y que solo después podremos empezar a entrenar de verdad.
Pero no siempre necesitamos establecer esa frontera.
Podemos trabajar fuerza aunque estemos explorando una molestia. Podemos desarrollar capacidad física mientras descubrimos qué ocurre con determinados movimientos. Y podemos modificar una propuesta sin convertir ese cambio en una fase previa que haya que superar antes de continuar.
Esto también significa que tener una molestia no te convierte automáticamente en una persona frágil ni determina todo lo que puedes hacer.
Habrá situaciones en las que tenga sentido modificar una carga, una amplitud, una tarea o incluso dejar temporalmente de hacer algo. En otras podremos seguir entrenando mientras observamos qué ocurre.
No podemos decidirlo únicamente por el nombre de una lesión, por tu edad o porque hayas llegado buscando «ejercicio terapéutico».
La persona que tenemos delante también participa en esa decisión.
Por eso, en Equilibrio Club el entrenamiento respetuoso no representa el último escalón de un proceso que comienza con el ejercicio terapéutico.
Es una manera de relacionarnos con el entrenamiento en la que la fuerza, la exploración y las respuestas de la persona pueden convivir desde el principio.
¿Qué dice la ciencia sobre ejercicio terapéutico y entrenamiento personal?
La investigación no establece una frontera científica exacta entre lo que llamamos «ejercicio terapéutico» y «entrenamiento personal». Son términos utilizados en contextos diferentes y no tendría sentido buscar en la evidencia una línea que nos diga dónde termina uno y empieza el otro.
Lo que sí podemos preguntarnos es si algunas de las ideas que hemos explorado en este artículo encuentran apoyo en la investigación: ¿puede el entrenamiento de fuerza formar parte de contextos de rehabilitación?, ¿responden todas las personas igual ante un programa de entrenamiento?, ¿tiene que estar todo el entrenamiento decidido de antemano?
La fuerza también se ha estudiado dentro de la rehabilitación
Una revisión sistemática de Kristensen y Franklyn-Miller analizó programas estructurados de entrenamiento de resistencia en 1.545 personas con diferentes condiciones musculoesqueléticas, entre ellas dolor lumbar crónico, tendinopatías, artrosis de rodilla y personas que se recuperaban de determinadas cirugías.
Los autores encontraron evidencia de mejoras en fuerza y, en varias de las condiciones estudiadas, también en dolor y capacidad funcional.
Esto no significa que cualquier entrenamiento de fuerza sea adecuado para cualquier persona. Pero sí muestra que el trabajo de fuerza también ha sido estudiado dentro de contextos de rehabilitación, por lo que «rehabilitar» y «entrenar fuerza» no tienen por qué entenderse siempre como momentos completamente separados.
Una misma propuesta no garantiza la misma respuesta
Formighieri y colaboradores estudiaron a 35 hombres de aproximadamente 66 años que realizaron durante 16 semanas dos programas diferentes que combinaban entrenamiento de fuerza o potencia con entrenamiento interválico.
Al analizar individualmente variables de fuerza, potencia, masa muscular y capacidad funcional, encontraron diferentes patrones de respuesta entre participantes, aunque las diferencias entre los dos programas no aparecieron en todas las variables.
Es un estudio pequeño y realizado únicamente con hombres mayores, por lo que no podemos trasladar sus resultados automáticamente a cualquier persona. Pero ilustra algo relevante: conocer el resultado de un programa no significa poder anticipar exactamente cómo responderá cada individuo.
El entrenamiento tampoco tiene que estar completamente predeterminado
Una revisión sistemática de Larsen y colaboradores analizó 14 estudios, con 356 participantes, sobre diferentes métodos de autorregulación del entrenamiento de fuerza.
Estos métodos permitían modificar variables como la intensidad o el volumen utilizando información sobre el rendimiento, la fatiga o la disposición para entrenar. Los autores concluyeron que diferentes estrategias de autorregulación podían ser eficaces para mejorar la fuerza máxima.
Los participantes eran personas sanas y el objetivo estudiado era la fuerza máxima, por lo que esta investigación no demuestra nuestra manera de trabajar ni permite trasladar sus resultados directamente a personas con dolor.
Sí nos muestra algo más concreto: incluso dentro de la ciencia del entrenamiento existen propuestas en las que algunas variables pueden ajustarse utilizando información que aparece durante el propio proceso, en lugar de permanecer completamente fijadas de antemano.
¿Qué podemos concluir de la evidencia científica?
Estos estudios no demuestran que ejercicio terapéutico y entrenamiento personal sean lo mismo. Tampoco nos dicen qué ejercicio necesita una persona concreta.
Nos permiten cuestionar una frontera demasiado rígida.
La fuerza puede formar parte de contextos de rehabilitación, una misma intervención no garantiza la misma respuesta en todas las personas y algunas variables del entrenamiento pueden ajustarse durante el proceso.
La evidencia científica nos ayuda a conocer mejor el territorio y a construir mejores preguntas. Pero cuando tenemos delante a una persona concreta todavía queda algo por descubrir:
¿qué ocurre contigo?
Preguntas frecuentes sobre ejercicio terapéutico y entrenamiento personal
1. ¿Qué diferencia hay entre el ejercicio terapéutico y el entrenamiento personal?
El entrenamiento personal suele asociarse con objetivos como ganar fuerza, mejorar la condición física o desarrollar determinadas capacidades. El ejercicio terapéutico suele utilizarse cuando existe dolor, una lesión o alguna situación que requiere una atención especialmente adaptada.
Sin embargo, en la práctica esa frontera no siempre es tan clara. Una persona puede querer ganar fuerza mientras convive con una molestia, y un mismo ejercicio puede servir para entrenar y, al mismo tiempo, permitirnos explorar qué ocurre cuando modificamos algunas de sus condiciones.
Por eso, más que obligarte a encajar desde el principio en una categoría, nos interesa comprender qué buscas y qué ocurre contigo cuando empezamos a trabajar.
2. ¿Si tengo dolor o una lesión necesito hacer ejercicio terapéutico antes de entrenar?
No necesariamente.
Tener dolor, haber pasado por una lesión o sentir cierta inseguridad al moverte no determina por sí solo qué tipo de trabajo necesitas ni significa que primero tengas que completar una fase terapéutica antes de poder entrenar.
En algunos momentos puede tener sentido modificar una carga, una amplitud o una determinada tarea. En otros podremos trabajar fuerza y otras capacidades mientras seguimos observando qué ocurre contigo.
Por eso, más que establecer de antemano qué puedes o no puedes hacer, nos interesa empezar a trabajar contigo y utilizar las respuestas que aparecen para decidir cómo continuar.
3. ¿Puedo ganar fuerza aunque tenga molestias o lleve tiempo sin entrenar?
Sí. Ganar fuerza puede formar parte del proceso desde el principio, aunque la forma de entrenarla no tenga que ser siempre la misma.
Podemos ajustar los ejercicios, la carga o las condiciones en las que entrenas en función de lo que buscas y de las respuestas que vayan apareciendo.
Llevar tiempo sin entrenar, tener cierta edad o convivir con una molestia no significa automáticamente que necesites evitar el trabajo de fuerza. Lo importante es descubrir desde dónde empiezas y construir el entrenamiento contigo.
4. ¿El ejercicio terapéutico sirve solo para personas con dolor?
No. Aunque muchas personas llegan al ejercicio terapéutico porque tienen una molestia, han pasado por una lesión o no saben bien cómo volver a entrenar, no necesitas tener dolor para buscar una forma de ejercicio más acompañada.
Quizá llevas años sin entrenar, quieres empezar a ganar fuerza, algunos ejercicios te generan inseguridad o simplemente no te sientes cómoda entrando en un gimnasio y siguiendo una rutina preparada de antemano.
En cualquiera de esas situaciones, lo importante no es tanto si puedes llamarlo «ejercicio terapéutico» o «entrenamiento personal», sino encontrar una forma de empezar que tenga sentido para ti.
5. ¿Es posible combinar ejercicio terapéutico y entrenamiento personal?
Sí. De hecho, no siempre necesitamos entenderlos como dos formas de trabajo separadas.
En una misma sesión podemos desarrollar fuerza y otras capacidades físicas mientras prestamos atención a lo que ocurre contigo. Si aparece una respuesta que nos interesa explorar, podemos modificar alguna condición, comparar qué sucede y utilizar esa información para decidir cómo continuar.
Eso no convierte automáticamente el ejercicio en «terapéutico» ni hace que dejemos de entrenar.
Significa que entrenar y explorar pueden convivir dentro del mismo proceso, sin necesidad de decidir de antemano dónde termina uno y empieza el otro.
No necesitas saber qué tipo de entrenamiento necesitas para empezar
Puede que hayas llegado hasta aquí preguntándote si necesitas ejercicio terapéutico o entrenamiento personal.
Quizá quieres ganar fuerza, volver a entrenar después de mucho tiempo, tienes alguna molestia o simplemente buscas una forma de hacer ejercicio en la que puedas sentirte más acompañada.
Pero no necesitas conocer de antemano el nombre de lo que necesitas.
Tampoco necesitamos decidir desde el primer día que primero debes hacer ejercicio terapéutico y que solo después podrás empezar a entrenar.
Podemos empezar contigo.
Conocer qué buscas, qué te preocupa y desde dónde partes. Proponerte movimiento y entrenamiento. Y utilizar lo que vaya ocurriendo para construir juntos el camino.
A veces estaremos desarrollando fuerza. Otras veces una respuesta nos llevará a explorar algo que no esperábamos. Ambas cosas pueden formar parte del mismo proceso.
Por eso, el primer paso en Equilibrio Club no consiste en elegir entre ejercicio terapéutico y entrenamiento personal.
El primer paso es un Encuentro Inicial: un espacio para conocerte, hablar de lo que buscas y empezar a descubrir qué forma de trabajo puede tener sentido para ti.