Muchas personas piensan que entrenar consiste simplemente en seguir instrucciones.

El entrenador propone un ejercicio y el alumno lo ejecuta.

Algo así como:

“tú ordenas, yo obedezco”.

Pero el movimiento humano no funciona exactamente así.

Dentro de cada ejercicio existen muchas variables que pueden cambiar completamente cómo vive el cuerpo ese movimiento.

Cuando empezamos a observar esas variables, también empezamos a entender algo importante: no todos los ejercicios generan el mismo impacto en las articulaciones, y ese impacto puede modificarse.

Cambiando pequeños aspectos como la inclinación del ejercicio, el apoyo o la forma en la que organizamos el cuerpo, podemos transformar completamente cómo vive el cuerpo ese movimiento.

Si quieres profundizar en este tema, puedes leer también este artículo donde explicamos qué significa realmente entrenar con bajo impacto y cómo influye el impacto articular en el entrenamiento.

Mujer y hombre realizando una zancada de forma consciente, sintiendo el movimiento durante un entrenamiento respetuoso

En el entrenamiento respetuoso no solo ejecutamos un ejercicio: aprendemos a sentirlo y a ajustarlo.

El descubrimiento que cambia la forma de entrenar

Cuando una persona empieza a entrenar desde esta perspectiva suele aparecer una sensación muy clara:

“No sabía que podía hacer esto dentro de un ejercicio.”

Hasta ese momento el ejercicio parecía algo fijo.

Pero de repente aparecen matices.

Pequeñas decisiones que modifican cómo se siente el cuerpo:

  • cuánto te mueves

  • cuánto presionas

  • cuánto aceleras

  • cuánto tiempo permaneces en una posición

  • cómo respiras

  • dónde aparece fricción

Y esas decisiones cambian completamente la experiencia del ejercicio.

El primer paso: aprender a detectar la fricción en el movimiento

Para poder tomar decisiones dentro del ejercicio hay algo fundamental:

aprender a detectar cuándo aparece fricción en el movimiento.

La fricción no siempre aparece como dolor.

Muchas veces se manifiesta como:

  • sensación de bloqueo

  • tensión localizada

  • pérdida de fluidez

  • sensación de esfuerzo innecesario

Cuando el movimiento pierde fluidez, el cuerpo empieza a compensar.

Y ahí es donde empiezan muchas sobrecargas.

Las decisiones que puedes tomar dentro de un ejercicio

Una vez que aprendes a detectar la fricción, el ejercicio deja de ser algo rígido.

Empieza a convertirse en un espacio donde puedes ajustar el movimiento.

Dentro de un mismo ejercicio puedes modificar muchas variables.

Cuánto te mueves

No siempre es necesario utilizar el rango máximo.

A veces un rango ligeramente menor permite que el movimiento sea más fluido.

Cuánta presión aplicas

Más intensidad no siempre significa mejor entrenamiento.

A veces reducir ligeramente la presión permite que el cuerpo se reorganice.

Cuánta aceleración utilizas

Cada vez que aceleramos un movimiento generamos cambios de inercia que después debemos frenar.

Esos cambios pueden aumentar la carga sobre las articulaciones.

Controlar la aceleración puede reducir mucho el impacto.

Cuánto tiempo permaneces en una posición

Mantener una postura durante demasiado tiempo puede generar acumulación de carga en ciertas articulaciones.

Entrenar también es un proceso cognitivo

Aquí aparece un aspecto del entrenamiento del que se habla muy poco.

Entrenar no es solo algo físico.

También implica un nivel de atención y lucidez mental.

Detectar la fricción, ajustar el rango de movimiento o modificar la intensidad requiere atención.

Requiere estar presente en el ejercicio.

Cuando el cuerpo se mueve sin atención, muchas de estas decisiones simplemente no ocurren.

El entrenamiento más saludable: el entrenamiento respetuoso

Todas estas decisiones dentro del movimiento forman parte de lo que llamamos entrenamiento respetuoso.

No se trata de entrenar menos.

Ni de evitar el esfuerzo.

Se trata de entrenar con inteligencia corporal.

Primero aprendemos a detectar la fricción.

Después aprendemos a ajustar el movimiento.

Y a partir de ahí el ejercicio se convierte en una experiencia mucho más rica y adaptada al cuerpo.

Cuando una persona descubre esto, su forma de entrenar cambia.

El ejercicio deja de ser una orden que se ejecuta.

Se convierte en un proceso donde el cuerpo y la mente trabajan juntos para encontrar la forma más respetuosa de moverse en cada momento.

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