A veces no necesitamos una radiografía para saber que algo está cambiando en nuestro cuerpo. Basta con observarnos. La postura, cuando se desajusta, no lo hace de golpe: envía señales. Lo que ocurre es que no siempre sabemos interpretarlas. En este artículo te propongo aprender a leer esas señales desde la conciencia corporal, especialmente aquellas que nos indican que nuestro cuerpo se ha torsionado en el plano transversal, es decir, cuando todo el cuerpo gira sutilmente hacia un lado. Y sí, eso puede estar detrás de tu dolor lumbar o cervical.

Tu pisada te está hablando (y quizá no la estás escuchando)

Los pies son el primer lugar donde se refleja cualquier cambio postural. Si tu cuerpo se ha desalineado, lo más probable es que no pises igual con ambos pies. Una forma sencilla de detectarlo es observar cómo se desgastan tus zapatillas o tus plantillas: si un lado se aplana o se desgasta más que el otro, ahí tienes una pista.

Como muestra el estudio “Foot posture, foot function and low back pain: the Framingham Foot Study”, la forma en la que apoyamos el pie y distribuimos la carga al caminar se relaciona directamente con el dolor lumbar. Es decir, pequeñas asimetrías en la pisada pueden alterar la mecánica global del cuerpo y acabar afectando a la columna.

Otra forma de comprobarlo es descalzarte, colocarte de pie y sentir cómo las plantas de tus pies presionan el suelo. ¿Notas más peso en un talón que en otro? ¿En el borde interno o externo? Esa diferencia te está mostrando cómo el cuerpo ha comenzado a girarse. Y cuando los pies no pisan igual, toda la estructura superior se adapta a esa asimetría, desde las rodillas hasta la pelvis y la columna.

Y si quieres llevar esto a la práctica, te propongo un ejercicio muy sencillo en el que, observando cómo cambia la posición de tu cabeza con respecto al tronco, vas a empezar a notar cómo se modifican tus apoyos en los pies. Puedes verlo aquí: te duele el cuello, mira tus pies.

Pisada descalza en sala de entrenamiento mostrando apoyo asimétrico del pie y carga corporal

Tu pisada no es casual: refleja cómo tu cuerpo distribuye las cargas y cómo se organiza en el movimiento.

La falsa pierna larga

Uno de los síntomas más habituales en las personas que sufren dolor lumbar es escuchar que “tienen una pierna más larga que la otra”. En la mayoría de los casos no existe una diferencia real en la longitud de los huesos, sino una rotación del cuerpo que hace que una pierna parezca más larga de forma funcional.

Esa sensación de “una pierna más larga que la otra” suele ser una ilusión creada por cómo el cuerpo se ha desorganizado en el espacio. Lo que llamamos falsa pierna larga está muy relacionado con la caída del cuerpo en tres dimensiones y con cómo se redistribuyen las cargas. Puedes profundizar aquí en la falsa pierna larga y su relación con la caída tridimensional de todo el cuerpo.

Este estudio demuestra que cuando el centro de gravedad se desplaza —por alteraciones en la postura o compensaciones motoras— aparecen patrones asimétricos de carga, se sobrecarga un lado del cuerpo y aumenta el riesgo de dolor y lesión.

Puedes comprobarlo fácilmente colocándote frente a un espejo: suele ocurrir que una rodilla está más flexionada y la otra más extendida. Además, notarás que te apoyas más sobre una pierna, como si “te cayeras” hacia ese lado. Si te sientas y juntas las rodillas, verás que una sobresale más que la otra. Todo esto no es casualidad: es la manifestación visible de cómo tu cuerpo ha girado en el plano transversal, afectando directamente a la pelvis y la zona lumbar.

El hombro que se adapta (y el brazo que parece más corto)

Cuando el tronco se rota, la columna también lo hace, y el cuerpo busca compensar esa torsión para poder seguir mirando al frente. En esa adaptación, los hombros, los brazos y el cuello tienen que reorganizarse.

Haz esta sencilla prueba: ponte de frente a un espejo y acerca los brazos hacia él sin forzar los hombros. Notarás que un brazo parece más corto que el otro. En realidad no lo es, simplemente tu tronco está girado, y los brazos se colocan en función de esa rotación.

Esa diferencia provoca que una escápula esté más adelantada o más alta, que un hombro cargue más que el otro, y que los movimientos de ambos brazos no sean iguales. Si uno de tus hombros sufre más tensiones o lesiones, probablemente el origen esté en la postura global, no en el hombro en sí.

Cuando la torsión llega al cuello

Aunque este artículo se centra en el dolor lumbar, es importante entender que la torsión no se detiene ahí. El cuello compensa esa rotación del tronco para mantener la mirada al frente. Esa adaptación hace que nos cueste más girar el cuello hacia un lado que hacia el otro, y suele coincidir con el mismo lado donde el brazo parece más corto.

Esa limitación de movilidad es otra señal clara de que tu postura ha cambiado, y que el cuerpo está compensando para no perder el equilibrio. En el próximo artículo profundizaremos en cómo estas adaptaciones pueden derivar en dolor cervical y qué podemos hacer para revertirlo.

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Si quieres entender mejor cómo estos desequilibrios pueden acabar generando dolor lumbar, te recomiendo leer este artículo sobre postura y dolor lumbar.

¿Te reconoces en alguno de estos signos? Empieza a observarte. Cuanto antes entiendas tu postura, antes podrás liberar tu espalda del dolor.

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