Si tienes dolor lumbar, es posible que alguna vez te hayas preguntado si tu postura tiene algo que ver con lo que sientes. Quizá te hayan dicho que debes sentarte más recto, fortalecer el core, estirar o evitar determinadas posiciones.
Pero la relación entre dolor lumbar y postura es bastante más compleja.
Observar cómo está colocada una persona, cómo distribuye su peso o cómo se mueve puede ofrecernos información. Sin embargo, una postura determinada no nos permite saber, por sí sola, por qué aparece una molestia.
Dos personas pueden mostrar posturas parecidas y vivir experiencias completamente diferentes. Incluso una misma persona puede sentir algo distinto cuando cambia un apoyo, una posición o la manera de realizar un movimiento.
En Equilibrio Club utilizamos desde hace tiempo conceptos como la frontalidad para describir algunas de estas manifestaciones. Hoy la entendemos como una observación más dentro de algo mucho más amplio: una información que puede ayudarnos a construir preguntas, pero que no nos ofrece de antemano la respuesta.
En este artículo vamos a explorar qué sabemos sobre la relación entre postura y dolor lumbar y por qué, en lugar de buscar rápidamente qué postura debemos corregir, puede ser más interesante observar qué ocurre cuando cambiamos diferentes condiciones.
¿Existe una postura correcta para evitar el dolor lumbar?
Durante mucho tiempo se ha relacionado el dolor de espalda con determinadas formas de sentarse, estar de pie o moverse. Esto puede llevarnos a pensar que existe una postura correcta que debemos mantener y otras posturas que deberíamos evitar.
Sin embargo, observar una postura no nos permite establecer por sí solo qué está provocando el dolor.
La postura puede ser una información interesante. Podemos observar cómo una persona distribuye su peso, hacia dónde tiende a desplazarse, qué posiciones adopta con mayor frecuencia o cómo cambia su organización cuando se mueve.
Una de esas observaciones puede ser lo que en Equilibrio Club hemos denominado frontalidad: una tendencia del cuerpo a desplazarse u organizarse hacia delante cuando está de pie.
Pero encontrar esa tendencia no significa que hayamos encontrado un problema ni la causa del dolor lumbar.
La pregunta cambia entonces. En lugar de preguntarnos «¿cómo corregimos esta postura?», podemos explorar: ¿qué ocurre cuando modificamos alguna de sus condiciones y volvemos a preguntar a través del movimiento?
Si cambia la posición de los pies, el apoyo, el movimiento de otra parte del cuerpo o la tarea que estamos realizando, ¿cambia también lo que la persona percibe?
Esas respuestas pueden ofrecernos información para continuar explorando, sin necesidad de decidir de antemano qué significa la postura que hemos observado.
Una forma de observar la postura: la frontalidad
La frontalidad fue una de las formas que utilizamos en Equilibrio Club para observar cómo una persona se organiza cuando está de pie.
En este vídeo puedes ver cómo explicábamos este concepto y algunas de las relaciones que explorábamos a partir de él.
Hoy damos un paso más: observar frontalidad puede ofrecernos información, pero no nos permite concluir por sí sola qué está ocurriendo ni qué relación tiene con el dolor de una persona.
Por eso, más que utilizarla como una explicación, podemos entenderla como una observación desde la que seguir haciendo preguntas.
¿Por qué puede cambiar el dolor lumbar cuando cambia tu postura?
La postura no es una fotografía fija. Cambia continuamente cuando respiramos, desplazamos el peso, movemos los brazos, modificamos nuestros apoyos o realizamos cualquier movimiento.
Y cuando alguna de esas condiciones cambia, también puede cambiar lo que sentimos.
Imagina, por ejemplo, que arquear la espalda te produce una molestia lumbar. Podemos observar qué ocurre y después modificar alguna condición: cambiar la posición de los pies, desplazar ligeramente el peso, mover los brazos, variar el recorrido o realizar el mismo gesto desde otra posición.
Puede que la molestia cambie. Puede que no cambie. Incluso puede aparecer una respuesta que no esperábamos.
Lo importante es que ninguna de esas respuestas nos permite afirmar automáticamente cuál era la causa del dolor. Pero sí nos proporciona información para decidir qué podemos explorar después.
Aquí es donde una observación postural —incluida la frontalidad— puede resultar interesante. No porque nos diga qué está mal, sino porque puede ofrecernos una condición que modificar y contrastar.
La postura deja entonces de ser algo que tenemos que corregir y se convierte en una de las muchas puertas de entrada desde las que podemos dialogar con el movimiento.
Si la postura no explica por sí sola el dolor, ¿por qué observarla?
Que una postura no nos permita conocer directamente la causa de un dolor no significa que observarla carezca de interés.
La forma en la que una persona está de pie, se sienta o se mueve forma parte de lo que está ocurriendo en ese momento. Podemos observarla, pero también podemos interactuar con ella.
Podemos cambiar un apoyo, modificar la posición de una pierna, mover el cuello, utilizar los brazos de otra manera o proponer una tarea diferente. Después podemos volver a aquello que estábamos observando y comprobar qué ha sucedido.
Quizá la postura cambie y la molestia también. Quizá cambie una y la otra no. O quizá aparezca una respuesta completamente diferente a la que esperábamos.
Ahí está el valor de observar la postura: no necesariamente en encontrar una explicación, sino en ayudarnos a construir nuevas preguntas.
La evidencia puede orientarnos sobre qué merece la pena explorar. Nuestra experiencia profesional puede ayudarnos a elegir qué condiciones modificar. Y la respuesta de la persona nos ayuda a decidir por dónde continuar.
De esta manera, la postura deja de funcionar como un veredicto sobre cómo debería estar colocado el cuerpo y pasa a formar parte de un proceso de exploración que continúa mientras nos movemos.
¿Qué dice la ciencia sobre postura y dolor lumbar?
Durante años se han estudiado determinadas posturas y formas de moverse intentando comprender su relación con el dolor lumbar. La investigación muestra que pueden existir asociaciones y diferencias entre personas con y sin dolor, pero eso no significa necesariamente que podamos identificar una postura concreta como la causa del problema.
Encontrar una asociación no significa haber encontrado la causa
Una revisión de revisiones sistemáticas publicada por Swain y colaboradores analizó 41 revisiones sobre postura de la columna, permanecer sentado o de pie, flexionarse, girar y otras exposiciones físicas. Los resultados mostraron asociaciones en algunos estudios y ausencia de asociación en otros. Los autores concluyeron que no existe consenso para establecer una relación causal entre estas exposiciones y el dolor lumbar.
Esto introduce una diferencia importante: observar que una determinada postura aparece relacionada con el dolor no significa que podamos afirmar que esa postura lo haya causado.
Una forma concreta de mover la columna tampoco explica por sí sola el dolor
Saraceni y colaboradores estudiaron específicamente la flexión de la columna lumbar durante el levantamiento de cargas. En la mayoría de los estudios incluidos no encontraron diferencias significativas en la flexión lumbar entre personas con y sin dolor. La revisión concluyó que existía evidencia de baja calidad de que una mayor flexión lumbar al levantar no era un factor de riesgo para la aparición o persistencia del dolor lumbar.
Por tanto, ver cómo una persona flexiona la espalda durante una tarea puede ofrecernos información, pero no permite convertir automáticamente esa forma de moverse en la explicación de su dolor.
Que no podamos establecer una causa no significa que no existan diferencias
Aquí aparece un matiz especialmente interesante. Errabity y colaboradores encontraron, en una revisión sistemática y metaanálisis, diferencias en la movilidad de la columna entre personas con y sin dolor lumbar. En conjunto, las personas con dolor presentaban una menor movilidad lumbar, especialmente en el plano sagital y durante actividades funcionales más exigentes. Los propios autores señalan que el mecanismo exacto relacionado con estas diferencias todavía no está claro.
Por eso, encontrar una diferencia no obliga a ignorarla, pero tampoco a interpretarla inmediatamente como un error que debemos corregir. Podemos utilizarla como información desde la que construir nuevas preguntas y observar qué ocurre cuando modificamos diferentes condiciones.
Preguntas frecuentes sobre frontalidad y dolor lumbar
¿Una mala postura puede causar dolor lumbar?
No podemos afirmar que una determinada postura sea, por sí sola, la causa del dolor lumbar. La investigación ha encontrado asociaciones entre algunas posturas, exposiciones físicas y dolor, pero asociación y causalidad no son lo mismo.
La postura puede aportarnos información sobre cómo se encuentra y se mueve una persona en un momento determinado, pero necesita interpretarse dentro de un contexto mucho más amplio.
¿Existe una postura correcta para evitar el dolor de espalda?
No existe una única postura que todas las personas deban mantener para evitar el dolor lumbar. Nuestro cuerpo cambia de posición continuamente y diferentes personas pueden responder de manera distinta ante una misma postura.
Más que intentar permanecer siempre en una posición determinada, puede ser interesante observar cómo respondes a distintas posiciones y movimientos.
¿Debo corregir mi postura si tengo dolor lumbar?
No necesariamente debemos partir de la idea de que existe algo incorrecto que haya que corregir. Podemos observar tu postura, modificar algunas condiciones y comprobar qué ocurre con aquello que estás sintiendo.
Si la respuesta cambia, esa información puede ayudarnos a decidir qué explorar después, sin asumir que la postura observada era la causa del dolor.
¿Qué es la frontalidad y qué relación tiene con el dolor lumbar?
En Equilibrio Club hemos utilizado el término frontalidad para describir una tendencia del cuerpo a organizarse o desplazarse hacia delante cuando está de pie.
Actualmente la entendemos como una observación posible dentro de muchas otras. Encontrar frontalidad no significa haber encontrado la causa del dolor lumbar. Podemos utilizarla como información y explorar qué ocurre cuando modificamos diferentes condiciones.
¿Por qué puede cambiar mi dolor cuando cambio de postura?
Cambiar de postura modifica diferentes condiciones del cuerpo y de la tarea que estamos realizando. En algunas personas esto puede cambiar también lo que perciben; en otras, la respuesta puede ser diferente o no cambiar.
Lo interesante no es convertir inmediatamente ese cambio en una explicación, sino utilizarlo como nueva información con la que continuar explorando.
¿Cómo puedo saber qué trabajar si tengo dolor lumbar?
No necesitas conocer de antemano qué postura debes adoptar ni qué ejercicio concreto necesitas. Podemos empezar conociendo qué te ocurre, observando diferentes situaciones de postura y movimiento y explorando cómo respondes cuando modificamos algunas condiciones.
Ese es precisamente uno de los objetivos del Encuentro Inicial: encontrar contigo un punto desde el que tenga sentido comenzar.
Tu postura puede ser información, no un veredicto
Tener dolor lumbar puede hacer que empieces a vigilar constantemente cómo te sientas, cómo estás de pie o cómo colocas la espalda. Pero observar una diferencia en tu postura no significa necesariamente haber encontrado el problema.
La postura es una de las muchas manifestaciones que podemos observar. Podemos explorarla, modificar diferentes condiciones y comprobar qué ocurre después.
A veces aparecerán cambios que esperábamos. Otras veces la respuesta nos llevará hacia un lugar completamente diferente.
No necesitamos decidir de antemano qué significa aquello que observamos. Podemos utilizarlo para construir la siguiente pregunta.
Si tienes dolor lumbar y no sabes por dónde empezar, en el Encuentro Inicial podemos hablar de lo que te ocurre, explorar diferentes situaciones de postura y movimiento y utilizar tus respuestas para valorar por dónde puede tener sentido continuar.