Si tienes dolor lumbar y estás buscando ejercicio terapéutico en Alicante, es posible que ya hayas probado diferentes formas de abordar lo que te ocurre. Quizá hayas pasado por consultas, pruebas, tratamientos o periodos de reposo y, aun así, sigas preguntándote qué puedes hacer a partir de ahora.
El ejercicio puede formar parte de ese camino. Pero hablar de ejercicio terapéutico no significa que exista una serie de ejercicios concretos capaces de resolver el dolor lumbar de la misma manera en todas las personas.
Una propuesta de movimiento puede producir respuestas diferentes según quién la realiza, cómo la realiza y en qué momento se encuentra. Por eso, además de preguntarnos qué ejercicio hacer, puede ser interesante observar qué ocurre cuando lo haces.
En Equilibrio Club utilizamos el movimiento para intervenir y, al mismo tiempo, obtener información. Podemos modificar una posición, un apoyo, una amplitud, una carga o una forma de realizar una tarea y observar qué cambia.
La respuesta que aparece no nos da necesariamente una explicación del dolor, pero puede ayudarnos a construir la siguiente pregunta.
Los diferentes abordajes del dolor lumbar
Cuando aparece dolor lumbar, pueden intervenir profesionales y abordajes diferentes. La medicina puede ayudarnos a valorar el estado de salud de la persona, descartar determinadas condiciones y establecer un diagnóstico cuando es posible. En otros momentos pueden participar la fisioterapia, el ejercicio u otras formas de acompañamiento.
Cada una puede aportar información y posibilidades diferentes.
El problema aparece cuando esperamos que exista necesariamente una única causa que explique por qué duele y una intervención concreta capaz de resolverla.
En muchas personas con dolor lumbar, especialmente cuando el dolor persiste, la situación puede ser bastante más compleja. Lo que aparece en una prueba, lo que observamos en la postura o lo que ocurre durante un movimiento puede formar parte de la información disponible, pero ningún hallazgo aislado tiene por qué explicarnos por sí solo lo que está ocurriendo.
Por eso, cuando utilizamos el ejercicio, no necesitamos partir de la idea de que ya sabemos qué movimiento necesita esa persona.
El ejercicio deja así de ser únicamente algo que hacemos sobre el cuerpo y puede convertirse también en una forma de dialogar con él.
Una misma propuesta de movimiento puede generar respuestas diferentes. Observar qué ocurre cuando modificamos sus condiciones puede ofrecernos nueva información.
¿Qué entendemos por ejercicio terapéutico para el dolor lumbar?
La expresión ejercicio terapéutico puede llevarnos a pensar que existen determinados ejercicios que son terapéuticos por sí mismos. Como si ante un dolor lumbar hubiera que encontrar el ejercicio adecuado, aprender a realizarlo de una determinada manera y repetirlo hasta conseguir el resultado esperado.
Pero una misma propuesta puede ser vivida de formas muy diferentes por dos personas. Incluso una misma persona puede experimentar respuestas distintas cuando modificamos una posición, un apoyo, la amplitud, la carga o simplemente una indicación durante el ejercicio.
Por eso, no partimos de que exista una única forma ideal de realizar cada ejercicio a la que todas las personas deban acercarse.
Cuando aparece una sensación, una dificultad o una respuesta que nos llama la atención, no necesitamos decidir inmediatamente si está bien o mal. Podemos modificar alguna condición y observar: ¿qué ocurre ahora?, ¿qué ha cambiado?, ¿qué permanece igual? Incluso podemos volver a la situación anterior y comparar.
De esta manera, el ejercicio no sirve únicamente para desarrollar fuerza, movilidad o capacidad física. También puede convertirse en una forma de preguntar a través del movimiento y escuchar las respuestas que aparecen.
No necesitamos que nuestra hipótesis tenga razón. Necesitamos escuchar qué ocurre cuando interactuamos contigo.
¿Puedo hacer ejercicio si me duele la zona lumbar?
Cuando aparece dolor lumbar es normal preguntarse si conviene seguir haciendo ejercicio o si sería mejor esperar hasta que el dolor desaparezca.
También puede aparecer el miedo a empeorar: ¿y si este ejercicio me hace daño?, ¿debería evitar cargar peso?, ¿tengo que fortalecer la espalda o dejarla descansar?
El dolor, por sí solo, no nos permite responder a todas esas preguntas de la misma manera para todas las personas. Tampoco necesitamos asumir que cualquier molestia durante un ejercicio significa necesariamente que ese movimiento sea perjudicial.
Podemos empezar observando qué ocurre.
Si una sentadilla, un ejercicio de fuerza o un determinado movimiento genera una respuesta que nos llama la atención, podemos modificar alguna de sus condiciones: reducir o aumentar la amplitud, cambiar la carga, utilizar otro apoyo, variar la posición o realizar el movimiento de otra manera.
Después podemos observar qué ocurre: quizá cambie la sensación, aparezca en otro lugar, el movimiento se viva de otra manera o no cambie nada.
Ninguna de esas respuestas necesita convertirse inmediatamente en un veredicto sobre lo que está bien o mal. Nos ofrece información sobre esa persona en esa situación concreta.
Por eso, tener dolor lumbar no significa necesariamente que primero haya que «corregir» el cuerpo para poder empezar después a trabajar la fuerza. El ejercicio y la fuerza pueden formar parte del propio proceso de exploración, adaptando las condiciones y observando cómo responde cada persona.
La pregunta deja de ser únicamente «¿qué ejercicio es bueno para el dolor lumbar?» y empieza a incluir otra: «¿qué ocurre contigo cuando hacemos este ejercicio y qué podemos descubrir si modificamos algo?»
¿Qué dice la ciencia sobre el ejercicio y el dolor lumbar?
El ejercicio puede ayudar, pero «ejercicio» engloba propuestas muy diferentes
La evidencia científica respalda el ejercicio como una de las opciones de intervención para personas con dolor lumbar crónico.
Una revisión Cochrane encontró que el ejercicio puede producir mejoras en el dolor y en las limitaciones funcionales en comparación con determinadas alternativas o con no realizar tratamiento. Sin embargo, hablar de ejercicio engloba propuestas muy diferentes: fuerza, ejercicio aeróbico, Pilates, ejercicios de control motor y otras formas de movimiento.
Esto nos lleva a una pregunta importante: si diferentes propuestas pueden ayudar, ¿existe alguna que sea la adecuada para todas las personas?
No existe una única respuesta cuando hablamos de ejercicio
Un metaanálisis en red que comparó diferentes tipos de ejercicio encontró diferencias entre modalidades para el dolor y la función. Algunas mostraron mejores resultados promedio que otras para determinados desenlaces.
Pero los resultados promedio de un grupo no nos permiten saber exactamente qué ocurrirá con una persona concreta.
Esto se observa especialmente bien en otro estudio en el que personas con dolor lumbar crónico realizaron durante 12 semanas una misma intervención de entrenamiento de fuerza de los extensores lumbares.
Las respuestas fueron muy diferentes: hubo personas con grandes cambios en fuerza, dolor o discapacidad, otras con cambios pequeños o inexistentes y algunas que incluso presentaron una respuesta desfavorable. Los propios autores destacaron la considerable variabilidad individual en la respuesta al mismo entrenamiento.
Compartir un diagnóstico no significa vivir la misma situación
Esta diversidad no aparece únicamente cuando observamos la respuesta al ejercicio.
Otro estudio analizó a 294 personas con dolor lumbar crónico teniendo en cuenta diferentes dimensiones relacionadas con la sensibilidad al dolor, factores psicológicos y la respuesta ante movimientos repetidos de la columna.
De las 27 combinaciones posibles entre esas dimensiones, aparecieron 26 diferentes entre los participantes. Los autores utilizaron este resultado para señalar la gran variabilidad que puede existir entre personas que comparten la etiqueta de dolor lumbar crónico y las limitaciones de intentar comprender esa complejidad desde una única dimensión.
De lo que sabemos a la persona que tenemos delante
Por eso, saber qué suele funcionar en grupos de personas es enormemente valioso, pero no nos permite anticipar por completo cómo responderá la persona que tenemos delante.
La evidencia puede orientar nuestras decisiones y ayudarnos a construir mejores preguntas. Después empieza el encuentro con la persona: proponemos, observamos la respuesta y utilizamos esa nueva información para decidir qué tiene sentido explorar a continuación.
Preguntas frecuentes sobre el ejercicio terapéutico para el dolor lumbar
¿Qué ejercicio es mejor para el dolor lumbar?
No existe un único ejercicio que podamos considerar el mejor para todas las personas con dolor lumbar. La investigación muestra que diferentes formas de ejercicio pueden ser útiles, pero también que las respuestas pueden variar considerablemente entre personas.
Más que buscar una receta universal, puede ser interesante encontrar propuestas que podamos adaptar y observar cómo respondes a ellas.
¿Puedo entrenar si tengo dolor lumbar?
Tener dolor lumbar no significa necesariamente que debas dejar de entrenar. Lo importante es valorar cada situación y observar qué ocurre cuando introduces movimiento o carga.
Si un ejercicio genera una respuesta que nos llama la atención, podemos modificar la amplitud, la carga, los apoyos, la posición o la propia tarea y comprobar qué cambia.
¿Qué pasa si un ejercicio me provoca dolor?
Que aparezca dolor durante un ejercicio no nos permite concluir por sí solo qué está ocurriendo ni si ese movimiento es perjudicial.
Es una información que debemos situar dentro del contexto de cada persona. Podemos modificar las condiciones del ejercicio, observar cómo cambia la respuesta y decidir a partir de ahí qué tiene sentido hacer.
Si aparece un dolor nuevo, intenso, progresivo o acompañado de otros síntomas preocupantes, es importante realizar una valoración sanitaria adecuada.
¿Tengo que fortalecer la zona lumbar si me duele?
La fuerza puede formar parte del trabajo cuando existe dolor lumbar, pero eso no significa que todas las personas necesiten fortalecer específicamente la musculatura lumbar ni realizar los mismos ejercicios.
Una tarea de fuerza puede servir para desarrollar capacidad física y, al mismo tiempo, permitirnos observar cómo responde la persona cuando introducimos determinadas demandas.
¿Cuánto tiempo se tarda en mejorar el dolor lumbar con ejercicio?
No podemos establecer un plazo válido para todo el mundo. La evolución puede variar considerablemente entre personas y depende de numerosos factores.
Por eso, además de observar si el dolor cambia, puede ser interesante atender a otras cosas que van ocurriendo durante el proceso: qué actividades puedes realizar, cómo te relacionas con determinados movimientos o cómo responde tu cuerpo cuando cambian las demandas.
¿Puedo hacer ejercicio si tengo una hernia discal?
Tener una hernia discal no significa automáticamente que no puedas hacer ejercicio. Sin embargo, el diagnóstico por sí solo tampoco nos dice qué ejercicio concreto debes realizar.
La situación clínica, los síntomas y la respuesta de cada persona deben tenerse en cuenta para decidir qué propuestas pueden tener sentido. Cuando existen dudas sobre el diagnóstico, síntomas neurológicos u otros signos que requieran valoración sanitaria, el ejercicio debe situarse dentro de ese contexto.
No necesitas saber qué ejercicio necesitas para empezar
Después de convivir con dolor lumbar es fácil acabar buscando respuestas cada vez más concretas: qué ejercicio hacer, qué músculo fortalecer, qué movimiento evitar o cuál es la técnica correcta.
La evidencia científica puede ayudarnos a conocer mejor el dolor lumbar y las posibilidades que ofrece el ejercicio. Pero cuando pasamos de grupos de personas a la persona que tenemos delante, todavía quedan preguntas por responder.
Por eso, para empezar en Equilibrio Club no necesitas saber de antemano qué tipo de ejercicio necesitas ni elegir entre diferentes formas de trabajo.
El primer paso es el Encuentro Inicial.
Un espacio para conocer qué te ocurre, qué has vivido hasta ahora y qué estás buscando. También podemos utilizar el movimiento para empezar a explorar algunas preguntas y observar qué respuestas aparecen.
A partir de ahí podremos decidir contigo qué camino tiene sentido comenzar a recorrer.
No buscamos que encajes en una respuesta preparada de antemano. Empezamos descubriendo qué ocurre contigo.