Aunque intentemos permanecer completamente quietos cuando estamos de pie, nuestro cuerpo no permanece inmóvil.
Realiza continuamente pequeños ajustes que nos permiten mantenernos en esa situación. Muchas veces ni siquiera somos conscientes de ellos.
Pero algunas personas empiezan a percibirlos.
«Siento que me muevo aunque esté quieto.»
«Noto que mi cuerpo se balancea.»
«Cuando estoy de pie parece que tengo que buscar continuamente dónde colocarme.»
Percibir ese balanceo al estar de pie no nos dice automáticamente que exista un problema, ni nos permite saber por qué está ocurriendo.
El balanceo es una manifestación que podemos observar.
Podemos preguntarnos cuándo aparece, hacia dónde se percibe, si ocurre siempre de la misma manera o qué sucede cuando modificamos alguna condición: los apoyos, la posición, la mirada o una propuesta de movimiento.
No necesitamos decidir de antemano qué significa ese balanceo para empezar a explorarlo.
En este artículo vamos a descubrir qué ocurre realmente cuando intentamos permanecer quietos y por qué prestar atención a esos pequeños movimientos puede ofrecernos información sobre nuestra forma de estar de pie.
Estar de pie no significa estar inmóvil
Cuando permanecemos de pie puede parecernos que el objetivo es conseguir una posición completamente estable, sin movimiento.
Sin embargo, nuestro cuerpo realiza pequeños ajustes continuamente mientras estamos de pie.
Esto significa que cierto movimiento no tiene por qué interpretarse inmediatamente como un error ni como una señal de que estamos perdiendo el equilibrio.
Además, no todas las personas lo perciben de la misma manera.
Alguien puede descubrir un ligero desplazamiento únicamente cuando dirige su atención hacia él. Otra persona puede sentirlo claramente y describirlo como inseguridad. Incluso puede percibirse de manera diferente dependiendo del momento o de la situación.
Por eso conviene distinguir entre dos cosas: que exista movimiento y cómo vive la persona ese movimiento.
Observar el balanceo puede ofrecernos información, pero todavía no nos dice qué significa ni cuál es su causa.
Antes de intentar eliminarlo, podemos empezar preguntándonos qué está ocurriendo.
El balanceo al estar de pie puede ofrecernos información. Observar cómo aparece y qué ocurre cuando modificamos diferentes condiciones nos permite construir nuevas preguntas.
¿Qué podemos observar cuando aparece el balanceo?
Una vez que una persona percibe que se balancea al estar de pie, podemos empezar a prestar atención a cómo se manifiesta.
¿El movimiento se percibe hacia delante y hacia atrás? ¿Hacia los lados? ¿Aparece siempre? ¿Cambia cuando la persona modifica ligeramente su posición?
También podemos explorar qué ocurre cuando cambiamos alguna condición.
Por ejemplo, podemos modificar los apoyos, la posición de una parte del cuerpo, la mirada o realizar previamente una propuesta de movimiento y después volver a estar de pie.
Lo interesante no es conseguir que nuestra primera hipótesis tenga razón.
Lo interesante es comparar qué ocurre antes y después de una interacción.
Quizá el balanceo cambie. Quizá la persona perciba el suelo de otra manera. Quizá aparezca una sensación diferente. O quizá no ocurra nada de lo que esperábamos.
Todas esas respuestas pueden ofrecernos información para construir la siguiente pregunta.
Observar una diferencia no significa que ya sepamos qué significa.
¿Qué papel pueden tener los pies y los apoyos?
Cuando estamos de pie, los pies forman parte del contacto de nuestro cuerpo con el suelo.
Podemos percibir cómo apoyamos, si existen diferencias entre ambos pies o si determinadas zonas parecen estar más o menos presentes. Pero esas diferencias no nos dicen automáticamente por qué una persona se balancea.
Los apoyos pueden convertirse en otra vía de exploración.
Podemos modificar una posición, realizar un movimiento o cambiar alguna condición y volver después a observar qué ocurre al estar de pie.
¿Se percibe el suelo de la misma manera? ¿Ha cambiado el apoyo? ¿El balanceo continúa igual? ¿Aparece alguna diferencia que antes no estaba?
No necesitamos decidir que los pies son el problema ni tampoco que simplemente están compensando algo que sucede en otra parte.
Podemos utilizarlos como una de las formas de preguntar al cuerpo y observar qué respuesta aparece.
¿Por qué algunas personas sienten más el balanceo que otras?
Dos personas pueden permanecer de pie y vivir esa situación de maneras muy diferentes.
Una puede no prestar ninguna atención a los pequeños movimientos que aparecen. Otra puede percibirlos con mucha claridad e incluso sentir inseguridad cuando ocurren.
También una misma persona puede experimentar diferencias según el momento: después de caminar, al estar cansada, al cambiar de superficie o simplemente al dirigir su atención hacia lo que está sintiendo.
Por eso, la percepción de balanceo también forma parte de la información que aparece.
No necesitamos asumir que sentir más movimiento significa necesariamente tener peor equilibrio.
Podemos explorar en qué situaciones aparece esa sensación, cómo la describe la persona y qué sucede cuando modificamos alguna condición y volvemos a observarla.
La pregunta deja entonces de ser únicamente «¿cómo conseguimos que deje de balancearse?» y pasa a ser:
¿Qué podemos descubrir a partir de la forma en que esta persona vive estar de pie?
¿El balanceo al estar de pie significa que voy a perder el equilibrio?
No necesariamente.
Percibir movimiento mientras estamos de pie no permite predecir por sí solo lo que ocurrirá al caminar ni significa necesariamente que exista riesgo de caída.
Lo que sí puede ocurrir es que una persona interprete esa sensación como inseguridad.
Cuando esto sucede, resulta interesante escuchar cómo la describe y en qué situaciones aparece.
¿Ocurre únicamente cuando permanece mucho tiempo de pie? ¿También aparece al cerrar los ojos, girarse o cambiar de posición? ¿Hay momentos en los que desaparece o se percibe de otra manera?
Estas diferencias pueden ayudarnos a seguir explorando, pero no necesitamos convertirlas inmediatamente en una explicación.
El balanceo es una manifestación. Lo que significa para cada persona todavía tenemos que descubrirlo.
¿Qué podemos hacer si percibimos balanceo al estar de pie?
No necesitamos empezar intentando eliminar el balanceo ni buscando inmediatamente una explicación.
Podemos empezar interactuando con esa situación.
Proponer un movimiento, modificar los apoyos, cambiar una posición, variar la amplitud o introducir alguna otra condición nos permite volver después a estar de pie y observar qué ocurre.
A veces aparecerán diferencias y otras veces no.
Lo importante es que la respuesta de la persona nos ayuda a decidir por dónde continuar.
La fuerza también puede formar parte de este proceso. No necesitamos resolver primero el equilibrio para empezar a entrenar, ni entrenar fuerza nos ofrece por sí solo una explicación sobre el balanceo.
Podemos entrenar mientras seguimos observando y comprendiendo lo que ocurre.
Intervenimos mientras comprendemos y comprendemos mientras intervenimos.
¿Qué dice la ciencia sobre el balanceo al estar de pie?
La ciencia lleva décadas estudiando los pequeños movimientos que aparecen cuando permanecemos de pie. Una de las formas de hacerlo es analizar el desplazamiento del centro de presiones mientras una persona intenta mantener una posición.
Estos estudios permiten comprender mejor el fenómeno y muestran que sus características pueden variar según diferentes condiciones.
El balanceo postural puede cambiar con la edad
Un metaanálisis de Roman-Liu comparó medidas del balanceo postural entre adultos jóvenes y personas de mayor edad.
Los resultados mostraron valores superiores tanto en el desplazamiento como en la velocidad del balanceo en el grupo de mayor edad. También encontraron diferencias dependiendo de si las pruebas se realizaban con los ojos abiertos o cerrados.
Esto nos permite reconocer que algunas características del balanceo pueden cambiar con la edad, pero no significa que observar más movimiento en una persona concreta nos permita saber automáticamente qué está ocurriendo en ella.
La edad no explica por sí sola el balanceo
Anson y colaboradores estudiaron a 366 adultos sanos y analizaron la relación entre el balanceo y diferentes fuentes de información sensorial, incluyendo la propiocepción y las funciones visual y vestibular.
La contribución de estas variables cambiaba según las condiciones en las que se evaluaba el equilibrio. Además, la edad no apareció como un predictor consistente del balanceo una vez consideradas estas variables.
Esto resulta especialmente interesante porque muestra que atribuir el balanceo únicamente a hacerse mayor sería una simplificación.
Cambiar las condiciones puede cambiar la respuesta
En otro estudio, Johnson y colaboradores compararon qué ocurría al permitir o restringir el movimiento de los brazos mientras adultos jóvenes y mayores permanecían de pie bajo diferentes condiciones sensoriales.
En las personas mayores, restringir el movimiento de los brazos produjo un mayor rango de desplazamiento del centro de presiones que permitir moverlos libremente durante las condiciones sensoriales modificadas.
Es un estudio pequeño, con 15 adultos mayores y 15 jóvenes, por lo que no debemos generalizar sus resultados. Pero ofrece un ejemplo interesante de algo fundamental: cuando modificamos las condiciones, la respuesta postural puede cambiar.
¿Qué podemos concluir de estos estudios?
La evidencia nos permite comprender que el balanceo al estar de pie puede medirse, que algunas de sus características presentan diferencias relacionadas con la edad y que la respuesta puede cambiar cuando modificamos determinadas condiciones.
Pero esos datos no nos dicen qué significa el balanceo que percibe una persona concreta.
Ahí todavía necesitamos observar, interactuar y comparar respuestas.
La evidencia orienta nuestras preguntas; la respuesta de la persona nos ayuda a decidir por dónde continuar.
Preguntas frecuentes sobre el balanceo al estar de pie
¿Es normal balancearse cuando estoy de pie?
Nuestro cuerpo no permanece completamente inmóvil cuando estamos de pie. Se producen pequeños ajustes continuamente. Que exista cierto movimiento no significa por sí solo que haya un problema.
¿Por qué siento que me muevo aunque esté quieto?
Percibir el movimiento puede depender de muchas condiciones y esa sensación no nos permite conocer automáticamente su causa. Podemos observar cuándo aparece, cómo se manifiesta y qué ocurre cuando modificamos diferentes condiciones.
¿Balancearse al estar de pie significa tener mal equilibrio?
No necesariamente. El balanceo es una manifestación que podemos observar, pero no constituye por sí mismo un diagnóstico ni una explicación sobre el equilibrio de una persona.
¿El balanceo significa que tengo poca fuerza?
No podemos concluirlo únicamente porque aparezca balanceo. La fuerza puede formar parte del entrenamiento y de nuestra exploración, pero la relación entre fuerza y la experiencia de estar de pie no tiene por qué ser igual en todas las personas.
¿Qué puedo hacer si el balanceo me genera inseguridad?
Podemos empezar observando cómo aparece y explorando qué sucede cuando modificamos diferentes condiciones. No necesitamos saber de antemano cuál es la explicación para comenzar a trabajar contigo.
La respuesta que aparece durante esas interacciones puede ayudarnos a decidir qué tiene sentido explorar después.
Si notas que te balanceas, podemos empezar observando qué ocurre
Sentir que tu cuerpo se mueve cuando estás de pie puede generar dudas e incluso inseguridad.
Pero no necesitamos interpretar inmediatamente ese balanceo como un problema ni decidir de antemano cuál es su causa.
Podemos empezar observando cómo aparece en ti.
A través del movimiento podemos modificar diferentes condiciones, volver a estar de pie y comparar qué ocurre. Algunas respuestas abrirán caminos interesantes y otras harán que abandonemos una hipótesis y exploremos otra.
No buscamos conseguir que tu cuerpo encaje en una forma determinada de estar de pie.
Buscamos construir buenas preguntas a partir de lo que vaya apareciendo durante el proceso.
La evidencia puede orientarnos sobre el territorio. Tu respuesta nos ayuda a decidir por dónde continuar.
Si esta sensación de balanceo o inseguridad te preocupa y quieres explorar qué ocurre contigo, el primer paso en Equilibrio Club es el Encuentro Inicial.