Recibir un diagnóstico de ciática puede ayudarnos a poner nombre a lo que está ocurriendo. Puede aportar información sobre el dolor, sobre la posible implicación del nervio ciático y sobre determinadas estructuras. Pero hay algo que ese diagnóstico, por sí solo, no puede contarnos: cómo estás viviendo tú esa ciática.
¿Aparece siempre de la misma manera? ¿Hay movimientos que has empezado a evitar? ¿Qué esperas que ocurra antes de hacer un gesto que alguna vez te ha dolido? ¿Cambia la sensación cuando modificas una posición? ¿Percibes diferencias entre un lado y otro de tu cuerpo?
En Equilibrio Club no utilizamos el movimiento únicamente para intentar corregir aquello que consideramos que está mal. También puede convertirse en una forma de explorar, hacer preguntas y obtener información sobre la persona que tenemos delante.
Por eso, ante dos personas con el mismo diagnóstico de ciática, el recorrido puede ser completamente diferente.
En este artículo no vamos a intentar explicarte cuál es el origen real de tu ciática. Vamos a hacer algo distinto: mostrarte qué podemos empezar a descubrir cuando el diagnóstico deja de ser el final de la explicación y se convierte en el punto de partida de un diálogo con la persona.
En este artículo veremos:
- Qué nos aporta un diagnóstico de ciática y qué preguntas deja abiertas.
- Por qué dos personas con el mismo diagnóstico pueden vivir experiencias muy diferentes.
- Qué información podemos obtener a través de la postura, la percepción y el movimiento.
- Cómo utilizamos el diálogo narrativo, perceptivo y corporal en Equilibrio Club.
- Cómo puede cambiar nuestra forma de relacionarnos con el dolor cuando dejamos espacio para descubrir.
Un diagnóstico de ciática no nos cuenta toda tu historia
Un diagnóstico puede ser importante. Puede ayudarnos a identificar la posible implicación del nervio ciático, orientar decisiones clínicas o descartar situaciones que requieren atención sanitaria.
Pero personas con un mismo diagnóstico no tienen por qué vivir la misma experiencia.
Una puede sentir dolor al permanecer sentada. Otra al caminar. Otra puede encontrarse bien durante días y experimentar episodios que aparecen sin reconocer claramente qué los desencadena. Incluso una misma persona puede descubrir que aquello que un día resulta difícil, otro día se comporta de manera diferente.
Por eso, conocer el diagnóstico no significa que ya conozcamos a la persona.
En Equilibrio Club nos interesa también todo aquello que todavía no sabemos: qué sientes, qué percibes, qué movimientos generan incertidumbre, cuáles realizas con comodidad y qué ocurre cuando exploramos contigo diferentes posibilidades.
El diagnóstico puede orientarnos, pero no queremos utilizarlo para anticipar todas las respuestas.
Del diagnóstico a las preguntas
En lugar de comenzar pensando «tienes ciática, por tanto tu cuerpo hará esto», podemos empezar preguntando:
¿Qué está ocurriendo contigo hoy?
A partir de ahí, cada respuesta puede generar una nueva pregunta.
Lo que nos cuentas aporta una información. Lo que percibes aporta otra. Y lo que sucede cuando interactuamos con tu cuerpo a través del movimiento puede aportar información que ninguno de los dos conocíamos antes de empezar.
La hipótesis puede orientarnos, pero no tiene que ganar.
Y esta diferencia es importante: no utilizamos la postura y el movimiento para demostrar una explicación que ya habíamos decidido de antemano, sino para seguir descubriendo a la persona que tenemos delante.
Tres formas de obtener información: narrar, percibir y movernos
Cuando una persona llega con ciática, no empezamos únicamente observando qué movimientos puede o no puede hacer. Antes de intervenir necesitamos conocer cómo está viviendo lo que le ocurre.
En el Modelo Equilibrio utilizamos tres formas de diálogo que se van relacionando entre sí.
Diálogo narrativo: lo que tú sabes de tu experiencia
Tu historia contiene información que ninguna prueba puede sustituir.
Cuándo comenzó el dolor, cómo ha cambiado, qué situaciones lo modifican, qué has dejado de hacer, qué explicaciones has recibido o qué temes que pueda ocurrir cuando realizas determinados movimientos.
No buscamos únicamente recopilar síntomas. Escuchamos para construir mejores preguntas.
A veces, algo que la persona cuenta modifica por completo aquello que inicialmente pensábamos explorar.
Diálogo perceptivo: qué puedes descubrir al prestar atención
Después podemos dirigir la atención hacia determinadas experiencias.
¿Cómo sientes el apoyo de un pie respecto al otro? ¿Notas diferencias al girarte? ¿Qué ocurre cuando flexionas una pierna? ¿Dónde aparece comodidad, esfuerzo, seguridad o incertidumbre?
No buscamos una respuesta correcta.
Tampoco pretendemos enseñarte cómo deberías sentir tu cuerpo. La percepción nos permite disponer de otra fuente de información y, en ocasiones, descubrir diferencias que hasta ese momento habían pasado inadvertidas.
Diálogo corporal: preguntar también a través del movimiento
Finalmente podemos explorar mediante el propio movimiento.
Una posición, una interacción manual o un ejercicio pueden convertirse en una pregunta: ¿qué sucede si hacemos esto?
Observamos la respuesta y decidimos desde ahí por dónde continuar.
Quizá un movimiento que esperabas doloroso resulta cómodo. Quizá aparece una diferencia entre ambos lados que ninguno esperaba. O quizá aquello que parecía relevante al principio deja de serlo cuando seguimos explorando.
No necesitamos hacer que una hipótesis inicial se cumpla. La respuesta de la persona puede cambiar el camino.
Por eso estos tres diálogos no funcionan como tres fases rígidas. Narramos, percibimos y nos movemos, y la información que aparece en cada interacción puede modificar la siguiente.
Un mismo diagnóstico de ciática, dos experiencias completamente distintas
Imaginemos dos personas que llegan a Equilibrio Club con un diagnóstico de ciática.
Las dos pueden compartir una etiqueta diagnóstica e incluso describir dolor en zonas parecidas. Sin embargo, eso no significa que sus cuerpos, sus experiencias o sus recorridos sean iguales.
Una persona puede contarnos que el dolor aparece especialmente después de pasar mucho tiempo sentada. Puede haber empezado a evitar flexionarse porque relaciona ese movimiento con la posibilidad de que vuelva el dolor.
Otra puede explicarnos algo completamente distinto: camina con relativa comodidad, pero determinados gestos cotidianos le generan inseguridad porque no sabe cuándo aparecerá la molestia.
La palabra ciática está presente en ambas historias. Las preguntas que empiezan a aparecer son diferentes.
No buscamos confirmar lo que esperábamos encontrar
Durante la exploración podemos observar cómo se relaciona cada persona con distintas posiciones y movimientos.
Podemos comparar lados, modificar apoyos, explorar movimientos de cadera o columna, cambiar una posición y preguntar qué percibe la persona.
Pero hay una diferencia fundamental: no hacemos estas interacciones para encontrar obligatoriamente “la causa” de la ciática.
Las utilizamos para generar información.
Puede que aparezca una diferencia de movilidad que inicialmente nos resulte interesante. Seguimos explorándola y descubrimos que no modifica nada relevante para esa persona.
O puede ocurrir lo contrario: un cambio aparentemente pequeño produce una experiencia inesperada y abre una nueva línea de exploración.
En ambos casos hemos aprendido algo.
La sesión puede cambiar de dirección
Por eso dos sesiones con personas diagnosticadas de ciática pueden parecerse muy poco.
No existe una secuencia que obligatoriamente tenga que llevarnos de la pelvis al glúteo, después al nervio y finalmente a determinados ejercicios.
Cada respuesta condiciona la siguiente pregunta.
Y cuando volvemos a encontrarnos días después, tampoco damos por hecho que encontraremos exactamente lo mismo. La persona ha seguido viviendo, moviéndose y relacionándose con su cuerpo entre una sesión y otra.
Ese nuevo encuentro vuelve a proporcionarnos información.
Así, el abordaje no se construye únicamente a partir del nombre del problema, sino a partir de un diálogo que continúa en el tiempo.
¿Qué papel tiene entonces la postura en una persona con ciática?
Hablar de postura no significa buscar una posición perfecta ni asumir que una determinada forma corporal explica por sí sola la aparición de una ciática.
Para nosotros, la postura es una fuente de información.
Podemos observar cómo una persona se organiza de pie, sentada o tumbada; cómo distribuye sus apoyos; qué diferencias aparecen entre ambos lados o qué ocurre cuando cambia de posición. Pero una observación aislada no constituye un veredicto.
Una diferencia puede llamarnos la atención y convertirse en una pregunta:
¿Qué ocurre si exploramos desde aquí?
De observar una diferencia a explorar su significado
Supongamos que observamos que una persona parece cargar más sobre una pierna.
Podríamos decidir inmediatamente que hemos encontrado algo que debemos corregir. Pero también podemos hacer algo diferente: explorar si esa observación tiene algún significado para esa persona.
¿Qué percibe ella? ¿Aparece también esa diferencia cuando se mueve? ¿Cambia en otras posiciones? ¿Tiene alguna relación con aquello que nos ha contado? ¿Qué sucede cuando modificamos el apoyo?
Quizá la exploración nos lleve a continuar por ahí. Quizá nos lleve a abandonar esa hipótesis.
Ambas posibilidades son válidas.
La postura deja así de ser una fotografía desde la que dictamos qué está bien y qué está mal y se convierte en una puerta de entrada para seguir preguntando.
La postura también puede cambiar durante el diálogo
Además, aquello que observamos al comenzar una sesión no tiene por qué permanecer igual.
Después de explorar un movimiento, modificar una posición o simplemente dirigir la atención hacia una determinada sensación, podemos volver a observar y encontrar algo diferente.
No necesitamos interpretar inmediatamente ese cambio como una corrección ni afirmar que hemos encontrado la causa del dolor.
Nos interesa algo más sencillo y, al mismo tiempo, muy valioso:
ha ocurrido algo y la persona ha respondido.
Esa respuesta nos proporciona nueva información para decidir cuál puede ser la siguiente pregunta.
¿Qué puede enseñarnos el movimiento sobre tu ciática?
Moverse no es únicamente hacer ejercicio. El movimiento también puede utilizarse para obtener información.
Una flexión de cadera, un giro, caminar unos pasos o realizar un gesto cotidiano pueden mostrarnos cómo responde la persona en ese momento.
Y esa respuesta no tiene por qué coincidir con lo que esperábamos encontrar.
Quizá un movimiento que la persona lleva tiempo evitando porque piensa que provocará dolor resulta más cómodo de lo esperado. O quizá aparece una dificultad en un gesto que nunca había relacionado con su problema.
Ahí surge algo especialmente interesante: la diferencia entre lo que esperábamos que ocurriera y lo que realmente ocurre.
Explorar no es poner a prueba
No utilizamos el movimiento para demostrarle a la persona lo que puede o no puede hacer, ni para llevarla hasta el dolor buscando dónde está el problema.
Exploramos dentro de rangos de comodidad, prestando atención a las respuestas que van apareciendo.
Podemos modificar una posición, reducir un recorrido, cambiar un apoyo o proponer otra manera de realizar el mismo gesto. Cada variación puede generar una experiencia diferente.
La pregunta deja de ser únicamente:
«¿Te duele?»
y aparecen otras:
«¿Cómo lo sientes?»
«¿Notas alguna diferencia?»
«¿Es lo que esperabas que ocurriera?»
«¿Qué cambia si lo hacemos de esta otra manera?»
Descubrir también puede cambiar nuestra relación con el dolor
Cuando una persona lleva tiempo conviviendo con una ciática, es comprensible que determinados movimientos empiecen a estar asociados a preocupación, protección o evitación.
Por eso, descubrir que el cuerpo puede responder de una manera diferente a la esperada puede ser relevante.
No significa que la ciática haya desaparecido ni que hayamos encontrado una solución definitiva.
Significa que ha aparecido una posibilidad que antes no conocíamos.
Y desde esa nueva información podemos seguir explorando.
¿Y qué lugar ocupa la evidencia científica?
La evidencia científica es una fuente fundamental de conocimiento. Nos ayuda a comprender mejor la ciática, conocer posibles mecanismos, valorar diferentes intervenciones y reconocer situaciones que necesitan una evaluación sanitaria.
Pero la evidencia científica trabaja necesariamente con grupos de personas y probabilidades. Cuando tenemos delante a una persona concreta, todavía necesitamos descubrir cómo se manifiesta todo eso en ella.
No utilizamos la experiencia individual para sustituir lo que sabemos gracias a la ciencia. Tampoco utilizamos la ciencia para anticipar cada respuesta de la persona.
Las dos informaciones pueden convivir.
La evidencia puede orientar nuestras preguntas
Lo que conocemos sobre dolor, movimiento o comportamiento del sistema nervioso puede ayudarnos a decidir qué merece la pena explorar.
Pero después hacemos una pregunta —a través de la conversación, la percepción o el movimiento— y aparece una respuesta.
Esa respuesta también importa.
Puede confirmar algo que considerábamos probable, puede introducir un matiz o puede obligarnos a abandonar completamente nuestra primera hipótesis.
La evidencia orienta nuestras preguntas; la respuesta de la persona nos ayuda a decidir por dónde continuar.
La hipótesis no tiene que ganar
Esta posición cambia nuestra manera de trabajar.
Si esperamos encontrar una determinada limitación porque encaja con nuestra explicación de la ciática y al explorarla no aparece, no necesitamos forzar la realidad para mantener nuestra hipótesis.
Podemos cambiarla.
Porque el objetivo no es demostrar que nuestra explicación era correcta. El objetivo es comprender un poco mejor a la persona que tenemos delante.
Y mañana esa misma persona puede responder de otra manera.
Por eso el conocimiento que construimos durante el proceso no termina en una única sesión. Cada encuentro añade información a un diálogo que continúa en el tiempo.
Más allá del test de Lasègue: una prueba también puede convertirse en una exploración
El test de Lasègue (SLR) se utiliza habitualmente en la exploración clínica cuando existe sospecha de afectación del nervio ciático. Pero una prueba no tiene por qué ofrecernos únicamente un resultado que clasifiquemos como positivo o negativo.
También podemos utilizar el movimiento para observar qué ocurre en esa persona, en ese momento.
En el vídeo que encontrarás a continuación proponemos diferentes variaciones a partir de la elevación de la pierna. No queremos que las interpretes como una forma definitiva de saber qué tienes ni como un diagnóstico que puedas realizarte en casa.
Podemos entenderlas de otra manera:
«Hago este movimiento y esto es lo que percibo ahora.»
Quizá una variación modifica la sensación. Quizá un lado responde de manera diferente al otro. Quizá aquello que esperabas encontrar no aparece. O quizá mañana, al repetirlo, la experiencia cambia.
Cada una de esas respuestas puede aportarnos información, pero ninguna necesita convertirse por sí sola en un veredicto sobre tu cuerpo.
Así entendemos también muchas de las propuestas de movimiento que utilizamos en Equilibrio Club: no como pruebas que tengan que darnos una respuesta definitiva, sino como preguntas que nos permiten seguir explorando.
Una exploración nos habla de lo que ocurre ahora. La siguiente pregunta dependerá de lo que descubramos.
De una exploración aislada a un diálogo que continúa en el tiempo
Lo que descubrimos durante una sesión puede ser relevante, pero no necesitamos convertirlo inmediatamente en una conclusión.
Imaginemos que hoy, al explorar diferentes movimientos, aparece una diferencia clara entre ambas piernas. Podemos interesarnos por ella, probar algunas variaciones y observar qué sucede.
Pero cuando volvamos a encontrarnos, esa diferencia puede mantenerse, haber cambiado o incluso haber desaparecido.
Y eso también es información.
Tu cuerpo no llega igual a cada encuentro
Entre una sesión y otra han ocurrido muchas cosas.
Has trabajado, descansado, caminado, entrenado, conducido, dormido de una determinada manera o atravesado situaciones diferentes. Tu dolor puede haber cambiado y también tu manera de relacionarte con él.
Por eso no entendemos una sesión como una fotografía definitiva de tu cuerpo.
Nos interesa observar qué permanece, qué cambia y qué nuevas respuestas aparecen a lo largo del tiempo.
El diálogo también es longitudinal
Cuando acumulamos encuentros, ya no disponemos únicamente de lo que observamos hoy. Tenemos una historia compartida.
Podemos recordar que determinada sensación apareció anteriormente, comprobar si vuelve a hacerlo, descubrir que un movimiento que antes generaba incertidumbre ahora se realiza con comodidad o encontrarnos con algo completamente nuevo.
Poco a poco vamos construyendo conocimiento sobre esa persona.
No un protocolo para la ciática, sino una comprensión cada vez más rica de cómo esa persona concreta vive, percibe y mueve su cuerpo.
Y esa comprensión puede ayudarnos a decidir qué merece la pena explorar a continuación.
¿Quieres entender mejor qué es la ciática y por qué puede aparecer?
En este artículo hemos utilizado la ciática como punto de partida para mostrar algo diferente: todo lo que todavía podemos descubrir de una persona después de conocer su diagnóstico.
Si lo que buscas es comprender mejor qué es la ciática, qué estructuras pueden estar implicadas, por qué el dolor puede irradiarse hacia la pierna y desde qué perspectiva la abordamos en Equilibrio Club, hemos preparado una página específica donde desarrollamos estas cuestiones con mayor profundidad.
👉 Ciática en Alicante: comprende qué puede estar ocurriendo y cómo empezar a abordarla
Esta es nuestra guía principal sobre ciática. Desde allí podrás comprender el problema de una forma más amplia y conocer cómo damos el primer paso cuando una persona llega a Equilibrio Club con este tipo de molestias.
Preguntas frecuentes sobre ciática y movimiento
¿Cómo sé si realmente tengo ciática?
El dolor que se extiende desde la zona lumbar o el glúteo hacia la pierna puede tener diferentes explicaciones. Una valoración sanitaria puede ayudar a determinar si existe afectación del nervio ciático y si son necesarias otras pruebas o intervenciones. El movimiento puede aportarnos información, pero no lo utilizamos para sustituir un diagnóstico clínico.
¿Dos personas con ciática deberían hacer los mismos ejercicios?
No necesariamente. Compartir un diagnóstico no significa compartir la misma experiencia, capacidades o respuesta al movimiento. En lugar de partir de un protocolo idéntico para todos, nos interesa observar cómo responde cada persona y adaptar las propuestas a partir de esa respuesta.
¿Puedo moverme si tengo ciática?
Dependerá de cada situación y de las indicaciones sanitarias que puedan existir. Cuando el movimiento es apropiado, no buscamos forzarlo ni utilizar el dolor como objetivo. Podemos explorar diferentes posiciones, recorridos y posibilidades dentro de rangos de comodidad, observando qué ocurre.
¿La postura puede ser la causa de mi ciática?
Una determinada postura, por sí sola, no nos permite establecer la causa de una ciática. Para nosotros, observar la postura puede aportar información sobre cómo se organiza una persona en ese momento y generar preguntas que después podemos explorar mediante la percepción y el movimiento.
¿Qué podéis descubrir a través del movimiento si ya tengo un diagnóstico?
El diagnóstico y la exploración mediante el movimiento responden a preguntas diferentes. Podemos observar qué movimientos resultan cómodos, cuáles generan incertidumbre, qué diferencias percibes, qué cambia al modificar una posición o si aquello que esperabas sentir coincide con lo que realmente sucede.
No buscamos sustituir tu diagnóstico, sino conocer mejor a la persona que hay detrás de él.
Tu diagnóstico puede ser el punto de partida, no el final
Si tienes ciática y quieres empezar a comprender cómo se manifiesta en ti, el primer paso en Equilibrio Club es el Encuentro Inicial.
Durante una hora tendremos tiempo para conocer tu historia, saber qué te preocupa y qué quieres recuperar, y comenzar a explorar cómo respondes a diferentes posiciones y movimientos.
No buscamos encajarte en un protocolo para la ciática ni llegar con una explicación decidida de antemano.
Empezamos con preguntas y dejamos que tus respuestas nos ayuden a construir el camino.
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