Muchas personas empiezan a entrenar simplemente porque quieren sentirse mejor. Buscan moverse más, ganar fuerza o mejorar su salud.

Pero a veces el punto de partida es distinto. Quizá empezaste a entrenar en un gimnasio y, al poco tiempo, apareció una molestia en la espalda, en el cuello o en una rodilla. O quizá un médico te dijo algo parecido a esto: “Haz pilates, yoga o algún ejercicio suave”.

Y entonces aparece una duda bastante lógica. No tanto qué deporte elegir, sino algo más profundo:

¿Existe realmente una forma de entrenar que cuide el cuerpo y reduzca el riesgo de molestias o sobrecargas?

Con el tiempo, muchas personas descubren algo importante:

El problema no suele ser el ejercicio.

El problema es no adaptar el ejercicio al cuerpo que lo hace.

En Equilibrio Club, en Alicante, muchas personas llegan después de haber probado distintos entrenamientos y sentir que algo no terminaba de encajar.

Con los años hemos visto algo muy claro: el entrenamiento más saludable no depende tanto de la modalidad, sino de cómo responde tu cuerpo al entrenamiento.

A esta forma de entrenar la llamamos entrenamiento respetuoso dentro del Método Equilibrio.

Entrenamiento respetuoso en Alicante con bandas elásticas guiado por entrenador en Equilibrio Club

El entrenamiento más saludable no depende de una etiqueta, sino de cómo se adapta cada ejercicio al cuerpo y al momento de la persona.

El problema de elegir el entrenamiento por etiquetas

Cuando buscamos ejercicio saludable solemos guiarnos por etiquetas: pilates, yoga, entrenamiento funcional, crossfit o running. Cada una de estas modalidades tiene su propia forma de entender el movimiento.

Pero el problema es sencillo:

las personas no somos iguales.

El mismo ejercicio puede ser muy adecuado para una persona y generar molestias en otra. Esto ocurre porque el cuerpo no responde únicamente al tipo de ejercicio, sino a muchas variables que normalmente no tenemos en cuenta.

Imaginemos un laboratorio para analizar el entrenamiento

Para entenderlo mejor, imaginemos una sala de entrenamiento muy especial. Un espacio equipado con material deportivo, pero también con sensores capaces de analizar lo que ocurre en tu cuerpo mientras te mueves.

En ese laboratorio podríamos medir muchas variables importantes del movimiento, por ejemplo:

 

  • la organización postural del cuerpo

  • la fricción que se genera en las articulaciones

  • la compresión que reciben las estructuras

  • la estabilidad de la pisada

  • la coordinación entre distintos músculos

  • el estrés en ligamentos y tendones

  • la fatiga muscular

  • la respuesta del sistema nervioso

 

Si pudiéramos observar todo esto con precisión, descubriríamos algo muy interesante:

el mismo ejercicio puede generar efectos muy distintos dependiendo de la persona que lo realiza.

Y no solo eso.

La misma persona puede responder de forma diferente a un mismo ejercicio según el momento del entrenamiento o de su vida.

La posturalidad: una variable clave del entrenamiento

Una de las variables más importantes que podríamos analizar sería la posturalidad del cuerpo.

La posturalidad tiene que ver principalmente con dos aspectos:

Ambos influyen directamente en cómo el cuerpo distribuye las cargas y cómo se organizan los movimientos.

La frontalidad

La frontalidad describe hasta qué punto el cuerpo ha ido perdiendo centralidad y necesita compensar con ciertas estructuras para seguir funcionando.

Cuando el cuerpo se frontaliza, aparecen compensaciones especialmente en:

  • el cuello

  • los hombros

Estas compensaciones pueden observarse en movimientos como:

  • la rotación cervical

  • la movilidad del hombro

  • o diferencias de movilidad entre ambos pies

Cuando estas estructuras superiores empiezan a compensar en exceso, significa que el cuerpo está funcionando cada vez más lejos de su centralidad.

La verticalidad

La verticalidad tiene que ver con cómo se organiza el cuerpo frente a la gravedad.

Cuando los arcos del cuerpo trabajan de forma coordinada, el cuerpo se sostiene y se mueve con mayor eficiencia y menor fricción.

Cuando esa organización se pierde, aparece lo que llamamos la caída en tres dimensiones.

Cómo se mueven tus articulaciones durante el ejercicio

Otra variable importante es cómo se mueven las articulaciones durante el entrenamiento.

Fricción en el movimiento

Cuando el movimiento está bien organizado, las articulaciones se mueven con fluidez.

Pero cuando el cuerpo pierde organización, pueden aparecer zonas de resistencia interna que generan fricción en el movimiento.

Esta fricción obliga al cuerpo a compensar y aumenta el coste articular del ejercicio.

Reducir esa fricción es uno de los objetivos principales del entrenamiento respetuoso.

Cómo responden los tejidos del cuerpo

El cuerpo no está formado solo por músculos y articulaciones.

También intervienen tejidos como tendones, ligamentos y fascias, que participan en la transmisión de fuerzas durante el movimiento.

Cuando el entrenamiento genera demasiado estrés en estos tejidos pueden aparecer:

  • sobrecargas

  • irritaciones

  • inflamación excesiva

  • fatiga muscular acumulada

 

Un entrenamiento saludable debería estimular estos tejidos sin someterlos a un estrés innecesario.

La organización neuromuscular

El movimiento también depende de cómo se coordinan los distintos músculos entre sí.

Cuando esta coordinación funciona bien, el movimiento se vuelve más eficiente y las cargas se distribuyen mejor en el cuerpo.

Pero cuando el sistema neuromuscular se satura pueden aparecer señales como:

 

  • fatiga excesiva

  • pérdida puntual de fuerza

  • hormigueos o parestesias

  • sensación de desorganización en el movimiento

El entrenamiento respetuoso busca mejorar esta coordinación para que el cuerpo pueda moverse con más eficiencia y menor fricción.

El momento de la persona cambia constantemente

Si nuestro laboratorio pudiera medir todas estas variables en tiempo real descubriríamos algo muy interesante: cada segundo del entrenamiento sería diferente.

Esto ocurre porque muchas variables cambian continuamente, como por ejemplo:

 

  • la motivación

  • la capacidad de atención

  • la fatiga acumulada

  • la coordinación muscular

  • el estado hormonal

 

A este conjunto de variables cambiantes podemos llamarlo el momento de la persona.

Cómo llevar todo esto a la realidad del entrenamiento

Hasta ahora hemos descrito un escenario ideal: un laboratorio donde podríamos medir todas las variables que influyen en el movimiento.

En la práctica ningún entrenador dispone de sensores capaces de analizar todo esto en tiempo real. Pero eso no significa que no podamos acercarnos mucho a ese nivel de precisión.

Porque el propio cuerpo ya dispone de un sistema capaz de interpretar toda esa información: el sistema nervioso.

Nuestro cuerpo está lleno de receptores que recogen constantemente información sobre:

 

  • la presión en las articulaciones

  • la actividad muscular

  • la posición del cuerpo

  • el equilibrio

  • la tensión en los tejidos

 

El sistema nervioso interpreta esas señales y toma decisiones continuamente. Por eso muchas respuestas del cuerpo durante el entrenamiento no son aleatorias.

Cuando un movimiento se limita, aparece dolor o una zona se siente más fluida, el cuerpo está enviando información.

La clave está en aprender a interpretar ese lenguaje.

Podemos hacerlo prestando atención a señales como:

 

  • la aparición de fricción o incomodidad

  • los cambios en el rango articular

  • la sensación de estabilidad

  • la forma en que el cuerpo se recupera después del entrenamiento

  • la motivación o frustración que genera un ejercicio

 

En nuestro trabajo utilizamos estas señales para orientar el entrenamiento. Por eso puede ser muy útil aprender cómo saber si un ejercicio te va bien, ya que esa información permite ajustar mejor el movimiento.

El entrenamiento respetuoso en el Método Equilibrio

En Equilibrio Club, en Alicante, esta forma de interpretar el movimiento se traduce en una manera distinta de entrenar.

En lugar de seguir una receta cerrada, el objetivo es observar cómo responde el cuerpo y ajustar el ejercicio para:

• reducir la fricción innecesaria

• mejorar la organización del movimiento

• respetar la posturalidad del cuerpo

• adaptar el ejercicio al momento de la persona

A esta forma de trabajar la llamamos entrenamiento respetuoso en el Método Equilibrio.

Porque, al final, el entrenamiento más saludable no es el que sigue una técnica concreta.

Es el que se adapta al cuerpo que tienes hoy.

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