Muchas personas creen que los cambios asociados a la edad aparecen de repente. Sin embargo, desconectarse de uno mismo con la edad suele ser un proceso lento y silencioso que puede influir sobre nuestra energía, nuestro movimiento y nuestro bienestar.
A veces parece que una persona envejece de golpe. Un año la vemos activa, autónoma y llena de energía, y poco después sentimos que su salud, su movilidad o su calidad de vida han caído en picado. Pero lo habitual es que ese cambio visible sea simplemente la consecuencia de un proceso mucho más largo que llevaba años desarrollándose.
Cuando hablamos de desconectarnos de nosotros mismos no estamos hablando de algo espiritual ni esotérico. Hablamos de algo mucho más cotidiano. Hablamos de dejar de prestar atención a aquellas cosas que ayudan a que nuestro cuerpo y nuestra mente funcionen bien: el descanso, el movimiento, la alimentación, las relaciones humanas, la curiosidad, la motivación o la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas.
Muchas personas pasan años cuidando de todo menos de sí mismas
Es una situación mucho más frecuente de lo que parece.
Durante años ponemos el foco en el trabajo, en la familia, en las responsabilidades, en los problemas cotidianos y en las necesidades de otras personas. Y muchas veces lo hacemos con la mejor intención del mundo.
Sin embargo, mientras nuestra atención está puesta fuera, nuestro cuerpo sigue adaptándose en silencio.
Poco a poco dejamos de movernos tanto. Dormimos peor. Perdemos fuerza. Aparecen pequeñas molestias.
En muchas ocasiones estos cambios también van acompañados de una pérdida progresiva de organización corporal. De hecho, explicamos este proceso en el artículo por qué con los años parece que estamos rectos, pero no lo estamos.
Nos volvemos algo más rígidos. Tenemos menos energía. Dejamos de hacer algunas actividades porque ya no nos resultan tan fáciles como antes.
Nada de esto suele ocurrir de golpe. Son pequeños cambios que se van acumulando durante años.
Cuando perdemos conexión con nosotros mismos, todos los sistemas lo notan
Nuestro bienestar no depende de una única pieza. Depende del equilibrio entre muchos sistemas que trabajan juntos constantemente.
El sistema musculoesquelético necesita movimiento para conservar fuerza, estabilidad y movilidad.
Como vimos en el artículo sobre qué ocurre cuando dejamos de movernos por miedo a perder el equilibrio, el cuerpo se adapta constantemente a aquello que hacemos, pero también a aquello que dejamos de hacer.
El sistema nervioso necesita estímulos, aprendizaje y experiencias nuevas para mantenerse activo. El sistema endocrino influye sobre nuestra energía, nuestra recuperación y nuestra capacidad de adaptación. Incluso aspectos como el descanso, la respiración o las relaciones personales tienen un impacto directo sobre cómo nos sentimos.
Por eso, cuando dejamos de cuidarnos durante mucho tiempo, no es solo una parte del cuerpo la que se resiente. Poco a poco, todo el organismo empieza a funcionar con menos recursos.
Conectar con uno mismo no significa mirar hacia dentro de forma aislada, sino volver a prestar atención a aquellas cosas que ayudan a que nuestro cuerpo y nuestra mente funcionen mejor cada día.
El cuerpo siempre se está adaptando
Esta es una de las ideas más importantes que podemos comprender.
El cuerpo se adapta constantemente a aquello que hacemos de forma habitual. Pero también se adapta a aquello que dejamos de hacer.
Si caminamos, el cuerpo se adapta a caminar.
Algo parecido sucede cuando empezamos a perder confianza en nuestro equilibrio y dejamos de realizar actividades que antes formaban parte de nuestro día a día con total normalidad.
Si entrenamos fuerza, el cuerpo se adapta a generar fuerza.
Si aprendemos cosas nuevas, el sistema nervioso sigue desarrollando recursos.
Y si dejamos de movernos, de explorar o de estimularnos, también se produce una adaptación.
Por eso dos personas de la misma edad pueden presentar niveles de energía, movilidad y autonomía completamente diferentes.
La edad influye, por supuesto. Pero la forma en que hemos vivido esos años también tiene mucho peso.
No se trata de buscar culpables
Llegados a este punto, es importante aclarar algo.
Este artículo no pretende señalar errores ni generar sentimientos de culpa.
La mayoría de las personas que llegan a esta situación no han hecho nada mal. Simplemente han estado ocupadas viviendo. Han trabajado, han cuidado de sus hijos, de sus padres, de su familia o de sus obligaciones.
Por eso resulta tan importante entender que no estamos solos.
Miles de personas llegan a los 60, 70 o 80 años con la sensación de haberse olvidado un poco de sí mismas.
Y comprenderlo suele ser el primer paso para empezar a cambiarlo.
El primer paso no siempre es hacer más
Cuando una persona lleva años desconectada de sí misma, el primer paso rara vez consiste en hacer grandes cambios.
No suele empezar caminando varios kilómetros al día.
No suele empezar transformando toda su alimentación.
No suele empezar entrenando cinco veces por semana.
Muchas veces empieza simplemente prestándose atención.
Escuchando cómo se siente.
Reconociendo dónde está.
Aceptando que necesita volver a dedicar una parte de su energía a cuidar de sí misma.
Los cambios duraderos suelen construirse de forma progresiva, no desde la exigencia.
El hecho de estar leyendo esto ya es una buena señal
Puede parecer una tontería, pero no lo es.
Si has llegado hasta aquí y has dedicado unos minutos a leer este artículo, ya estás haciendo algo importante.
Estás dedicando tiempo a comprender mejor tu cuerpo y a reflexionar sobre cómo te encuentras actualmente.
Muchas veces los cambios no empiezan cuando hacemos algo espectacular. Empiezan cuando prestamos atención a algo que llevábamos años ignorando.
Por eso leer, interesarse, preguntar o buscar ayuda también forman parte del proceso.
Recuperar el bienestar también es una experiencia compartida
A menudo pensamos que entrenar consiste únicamente en hacer ejercicios.
Sin embargo, la experiencia suele ser mucho más amplia.
Moverse, compartir tiempo con otras personas, sentirse escuchado, notar que alguien se interesa por cómo has descansado o por cómo te has sentido durante la semana también forma parte del proceso.
Porque las personas no somos únicamente músculos, articulaciones o huesos.
Somos historias, emociones, relaciones y experiencias.
En Equilibrio Club trabajamos la postura, el movimiento y el entrenamiento respetuoso, pero también intentamos crear un espacio donde las personas se sientan comprendidas, acompañadas y capaces de avanzar a su propio ritmo.
Todo ello forma parte del Método Equilibrio, una forma de entender el movimiento que busca mejorar la relación entre postura, bienestar y calidad de vida.
Porque mejorar no siempre consiste en hacer más.
A veces consiste en volver a sentir que alguien te ayuda a recuperar la confianza en ti mismo.
Preguntas frecuentes sobre el envejecimiento y el bienestar
¿Es normal sentir que tengo menos energía a partir de los 65 años?
Sí, pueden producirse cambios relacionados con la edad. Sin embargo, el nivel de actividad física, el descanso, la alimentación y otros hábitos también influyen enormemente sobre la energía disponible.
¿Por qué siento que mi cuerpo ha cambiado mucho en pocos años?
En muchas ocasiones los cambios visibles son el resultado de procesos que llevaban años desarrollándose. A veces parece que ocurren de golpe, pero normalmente se han ido construyendo de forma progresiva.
¿Es posible recuperar capacidades después de los 70 años?
Sí. El cuerpo mantiene capacidad de adaptación durante toda la vida. Aunque cada situación es diferente, muchas personas consiguen mejorar su movilidad, su fuerza, su equilibrio y su confianza.
¿Qué puedo hacer si siento que me he olvidado de mí durante años?
El primer paso suele ser reconocerlo sin culpa. A partir de ahí, pequeños cambios sostenidos en el tiempo suelen ser mucho más eficaces que intentar transformar toda la vida de golpe.
¿Por qué las relaciones humanas también influyen en el bienestar?
Porque la salud no depende únicamente del cuerpo. Sentirse acompañado, comprendido y conectado con otras personas también forma parte del bienestar y de la calidad de vida.
Volver a conectar contigo también es una forma de cuidarte
Quizá no puedas cambiar todo lo que ha ocurrido durante los últimos años.
Pero sí puedes decidir dónde pones tu atención a partir de hoy.
Muchas veces recuperar bienestar no consiste en añadir más obligaciones a tu vida, sino en volver a conectar con aquellas cosas que ayudan a que tu cuerpo y tu mente funcionen mejor.
Si quieres comprender cómo se encuentra tu cuerpo actualmente y empezar a recuperar capacidades de forma progresiva, te invitamos a realizar una valoración inicial en Equilibrio club Alicante.