Utilizar plantillas y seguir teniendo molestias puede generar muchas preguntas.

¿No me estoy adaptando? ¿La plantilla no está funcionando? ¿Está mal hecha? ¿Necesito seguir utilizándola?

Son preguntas comprensibles, pero que continúen las molestias no nos permite responderlas automáticamente.

Las ortesis plantares pueden ayudar a algunas personas y existen estudios en los que se han observado mejoras del dolor y la función. Al mismo tiempo, no todas las personas responden de la misma manera y la incomodidad durante su uso también aparece descrita en la investigación.

Por eso, seguir teniendo molestias no demuestra por sí solo que la plantilla sea incorrecta. Tampoco significa necesariamente que exista un «problema de fondo» que la plantilla no haya conseguido corregir.

Podemos empezar con una pregunta más abierta:

¿Qué está ocurriendo contigo cuando utilizas esas plantillas?

Podemos conocer por qué empezaste a utilizarlas, qué ocurrió después, cuándo aparecen las molestias, qué actividades las modifican y qué percibes al estar de pie, caminar o moverte en diferentes situaciones.

No buscamos decidir de antemano si la plantilla es buena o mala.

En este artículo vamos a explorar qué sabemos sobre las plantillas y las molestias en los pies, por qué la respuesta puede variar y qué información podemos obtener cuando dejamos espacio para observar lo que ocurre en cada persona.

¿Las plantillas funcionan igual para todas las personas?

No.

Que una intervención pueda ayudar en determinados grupos de personas no significa que podamos anticipar qué respuesta tendrá cada persona que la utiliza.

Las ortesis plantares se han estudiado en diferentes problemas del pie y existen ensayos en los que se han observado reducciones del dolor. Sin embargo, los resultados no son idénticos entre estudios, personas, tipos de ortesis ni momentos de seguimiento.

Una revisión sistemática sobre dolor plantar del talón reunió 19 ensayos y 1.660 participantes. Encontró que las ortesis podían reducir el dolor a medio plazo frente a ortesis simuladas, aunque los autores señalaron que la magnitud de esa diferencia podía no ser clínicamente importante. Tampoco encontraron diferencias claras entre ortesis personalizadas y prefabricadas.

Esto introduce un matiz importante:

que una plantilla pueda ayudar no significa que tenga que producir la misma respuesta en todas las personas.

Por eso, si llevas plantillas y continúas teniendo molestias, el punto de partida no tiene por qué ser decidir inmediatamente que han funcionado o han fracasado.

Podemos empezar preguntándonos qué ha ocurrido desde que comenzaste a utilizarlas.

Mujer mayor observando un muelle mientras reflexiona sobre sus apoyos y la organización corporal en un estudio de entrenamiento respetuoso.

Una plantilla modifica las condiciones en las que el pie se relaciona con el suelo. Lo interesante empieza cuando observamos qué respuesta aparece en cada persona.

Seguir teniendo molestias no significa necesariamente que la plantilla esté mal

Cuando una persona continúa teniendo molestias después de empezar a utilizar plantillas es fácil interpretar el resultado:

«No me adapto.»

«La plantilla está mal hecha.»

«Esto no me está funcionando.»

En algunas situaciones será necesario revisar la ortesis, su ajuste o el motivo por el que fue indicada. Pero la persistencia de las molestias, por sí sola, no nos permite saber qué está ocurriendo.

Además, la propia comodidad durante el uso importa.

La investigación ha descrito el malestar asociado a las ortesis como uno de los efectos adversos comunicados por algunas personas y, en determinados estudios, como un motivo para dejar de utilizarlas.

Esto significa que lo que siente la persona no es un elemento secundario que debamos ignorar mientras esperamos que se «adapte».

Podemos preguntarnos cuándo aparece la molestia, dónde se siente, cuánto tarda en aparecer, si cambia dependiendo del calzado o de la actividad y qué sucede durante diferentes tareas.

No necesitamos interpretar inmediatamente cada respuesta.

Podemos empezar escuchándola.

Las plantillas pueden ayudar y aun así pueden quedar preguntas abiertas

Una plantilla puede ser una herramienta útil. Puede modificar las condiciones de apoyo y, en determinadas personas y situaciones, contribuir a reducir las molestias.

Pero que una persona continúe teniendo dolor no significa necesariamente que la plantilla haya fracasado. Del mismo modo, que una persona mejore tampoco nos permite concluir que hayamos descubierto y corregido la causa de su problema.

Podemos encontrarnos con situaciones muy diferentes.

Quizá las molestias hayan disminuido pero no desaparecido. Quizá aparezcan únicamente después de caminar durante un tiempo. Tal vez la persona esté cómoda con las plantillas en unas actividades y no en otras. O quizá aquello que siente haya ido cambiando desde que empezó a utilizarlas.

Cada una de esas respuestas puede ofrecernos información.

Por eso, además de preguntarnos «¿funciona la plantilla?», podemos ampliar la pregunta:

¿Qué ocurre contigo cuando la utilizas?

¿Cómo sientes el apoyo? ¿Qué sucede al caminar? ¿Cambia algo dependiendo del calzado, de la tarea o del tiempo que llevas en movimiento? ¿Hay situaciones en las que la plantilla resulta cómoda y otras en las que no?

No necesitamos que la plantilla sea la solución ni convertirla en el problema.

Puede formar parte de las condiciones desde las que seguimos explorando qué ocurre contigo.

Una plantilla también puede convertirse en una oportunidad para explorar

Cuando una persona llega utilizando plantillas, estas ya forman parte de su historia y de las condiciones en las que actualmente se mueve.

No necesitamos ignorarlas. Tampoco necesitamos retirarlas para descubrir qué ocurre «realmente» sin ellas.

Podemos empezar por algo mucho más sencillo: observar qué sucede en las situaciones que forman parte de la vida de esa persona.

¿Cómo siente sus pies cuando lleva las plantillas? ¿Qué ocurre después de caminar durante un tiempo? ¿Aparecen diferencias entre estar de pie y moverse? ¿Cambia la sensación dependiendo del calzado, de la velocidad o de la tarea?

Y, cuando resulte apropiado, también podemos modificar alguna condición y volver a observar.

La respuesta puede sorprendernos. Puede coincidir con nuestra primera hipótesis o llevarnos hacia una pregunta completamente diferente. También puede ocurrir que aquello que modificamos no produzca ningún cambio significativo.

No necesitamos que ocurra algo determinado.

Que aparezca una diferencia puede ofrecernos información. Que no aparezca también puede ayudarnos a decidir por dónde continuar.

Por eso no entendemos la plantilla como una respuesta que cierre necesariamente la exploración.

Puede convertirse en una condición más dentro del diálogo con la persona.

¿Qué nos dice la ciencia sobre las plantillas y la respuesta de cada persona?

Las plantillas se han estudiado en diferentes problemas del pie y sabemos que pueden ayudar a algunas personas. Sin embargo, cuando preguntamos quién va a mejorar, quién continuará teniendo molestias o por qué una misma intervención produce resultados diferentes, la respuesta científica es bastante menos sencilla.

Las plantillas pueden ayudar, pero los resultados no son iguales para todos

Una revisión sistemática sobre ortesis para el dolor plantar del talón reunió 19 ensayos y 1.660 participantes.

Los autores encontraron evidencia de que las ortesis podían reducir el dolor a medio plazo frente a ortesis simuladas, aunque señalaron que la magnitud de la diferencia podía no alcanzar una importancia clínica relevante. Tampoco encontraron diferencias claras entre las ortesis personalizadas y las prefabricadas.

Por tanto, la evidencia permite considerar las plantillas como una posible herramienta, pero no permite asumir que utilizarlas vaya a producir necesariamente una determinada respuesta.

Todavía sabemos poco sobre quién evolucionará mejor

Otra revisión sistemática estudió los factores que podrían ayudarnos a anticipar la evolución de las personas con dolor plantar del talón.

Reunió 5 estudios, 811 participantes y 98 posibles factores pronósticos. Solo un número limitado mostró alguna capacidad pronóstica y los autores calificaron como baja la calidad global de la evidencia.

Esto introduce un matiz importante: conocer el problema que presenta una persona no significa que podamos anticipar fácilmente cómo va a evolucionar.

La investigación puede ayudarnos a reconocer tendencias en grupos de personas, pero trasladar esas tendencias directamente a la persona que tenemos delante exige prudencia.

La respuesta a las plantillas tampoco parece depender de una única característica

También se ha investigado específicamente qué podría predecir la respuesta a las ortesis.

En un estudio con personas con dolor plantar del talón, las variables asociadas con los resultados cambiaban según qué resultado se analizara y en qué momento se evaluara. Entre ellas aparecieron características como la dorsiflexión del tobillo, el índice de masa corporal o determinadas creencias relacionadas con el miedo al movimiento.

Esto no significa que esas variables expliquen cómo responderá cualquier persona a unas plantillas. El estudio corresponde a una población y una situación concretas.

Pero sí muestra por qué debemos ser prudentes con explicaciones demasiado sencillas basadas únicamente en la forma del pie o en la pisada.

¿Qué podemos concluir de todo esto?

La evidencia nos permite saber que las plantillas pueden formar parte de una intervención útil, pero no nos proporciona una fórmula que permita anticipar exactamente qué ocurrirá con cada persona.

Por eso, si alguien utiliza plantillas y continúa teniendo molestias, ese resultado no necesita convertirse inmediatamente en una sentencia sobre la plantilla.

Podemos conocer su historia, formular hipótesis y observar qué sucede en diferentes situaciones.

La evidencia nos ayuda a construir mejores preguntas. La respuesta de la persona nos ayuda a decidir por dónde continuar.

Preguntas frecuentes sobre plantillas y molestias en los pies

¿Es normal que me duelan los pies después de empezar a usar plantillas?

Puede aparecer incomodidad durante el uso de una ortesis y está descrita en la investigación. Pero que aparezcan molestias no nos permite saber por sí solo cuál es su significado. Importa conocer cuándo comenzaron, dónde aparecen, cuánto duran, con qué actividades se relacionan y cómo evolucionan.

¿Cuánto tiempo se tarda en adaptarse a unas plantillas?

No existe un tiempo de adaptación que podamos aplicar de la misma manera a todas las personas y situaciones. El tipo de ortesis, el motivo por el que se utiliza, el calzado, las actividades realizadas y la respuesta de la propia persona pueden ser diferentes. Si las molestias persisten o preocupan, es razonable revisarlas con el profesional que indicó o confeccionó las plantillas.

¿Si las plantillas me molestan significa que están mal hechas?

No necesariamente. La presencia de molestias no permite concluir por sí sola que una plantilla esté mal hecha, aunque su ajuste, diseño o indicación pueden ser aspectos que el profesional responsable valore cuando existen problemas durante su utilización.

¿Por qué sigo teniendo dolor si llevo plantillas desde hace tiempo?

Las plantillas pueden ayudar en determinadas situaciones, pero no todas las personas responden igual ni la desaparición completa del dolor está garantizada. Seguir teniendo molestias puede convertirse en una oportunidad para revisar la situación y explorar qué ocurre en diferentes actividades y condiciones, sin asumir previamente cuál es la explicación.

¿Debería dejar de utilizar las plantillas si me producen molestias?

No recomendamos retirar por tu cuenta una ortesis prescrita por un profesional sanitario. Si aparecen molestias nuevas, importantes o persistentes, conviene comentarlas con el profesional responsable. Explorar la respuesta no significa ignorar el motivo por el que la plantilla fue indicada.

Si utilizo plantillas, ¿puedo estar en casa, caminar por la playa o entrenar descalzo?

Utilizar plantillas en tu día a día no significa necesariamente que tengas que llevarlas en todas las situaciones ni que estar descalzo sea peligroso por sí mismo.

De hecho, muchas actividades como yoga o pilates se realizan habitualmente sin calzado, y otras situaciones cotidianas —estar en casa, caminar por determinadas superficies o realizar algunos ejercicios— pueden ofrecernos condiciones diferentes en las que observar cómo nos sentimos.

Si no existe una indicación sanitaria concreta que requiera mantener la ortesis, podemos prestar atención a la respuesta.

¿Cómo sientes los pies al estar descalzo? ¿Te resulta cómodo? ¿Aparece alguna molestia? ¿Cambia dependiendo del tiempo, de la superficie o de la actividad? ¿Qué ocurre cuando vuelves a utilizar las plantillas?

No necesitamos asumir que sin la plantilla va a ocurrir algo malo, ni tampoco convertir ir descalzo en algo necesariamente beneficioso.

Son condiciones diferentes y podemos observar cómo responde la persona en cada una de ellas.

Si las plantillas fueron prescritas por una situación médica concreta o existen dudas sobre cuándo utilizarlas, conviene consultarlo con el profesional responsable antes de modificar sus indicaciones.

Llevar plantillas no significa que la exploración haya terminado

Una plantilla puede ayudarte. Puede acompañarte durante años. Puede resultar cómoda en unas situaciones y no tanto en otras. También puede ocurrir que sigas teniendo molestias aunque la utilices.

Ninguna de esas respuestas necesita convertirse inmediatamente en un veredicto.

Podemos conocer por qué empezaste a utilizarla, qué ha ocurrido desde entonces y cómo te sientes actualmente. Podemos observar qué sucede al caminar, entrenar o realizar diferentes movimientos y, cuando resulte apropiado, explorar otras condiciones.

A veces será con las plantillas. Otras situaciones pueden permitirnos experimentar sin ellas.

No buscamos demostrar que necesitas las plantillas ni convencerte de que deberías dejar de utilizarlas.

Queremos conservar algo más importante: la posibilidad de seguir preguntando, observando y descubriendo qué ocurre contigo.

Porque llevar una plantilla no debería obligarnos a dar por terminada la conversación con tus pies.

Si utilizas plantillas, continúas teniendo molestias o simplemente quieres comprender mejor cómo te sientes al moverte, podemos empezar por conocerte.

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