Cuando una persona tiene molestias en los pies y también dolor de espalda es fácil pensar que ambos problemas tienen que estar relacionados. Y, en nuestra experiencia, es una combinación que encontramos con frecuencia.
Pero observar que dos cosas aparecen juntas no significa que sepamos por qué ocurre ni que una esté provocando la otra.
La investigación ha encontrado asociaciones entre algunas características del miembro inferior —entre ellas una mayor pronación del pie— y el dolor lumbar. Sin embargo, esas asociaciones no permiten construir una cadena sencilla del tipo: el pie cambia, la pelvis se modifica y aparece el dolor de espalda.
La situación se vuelve todavía más interesante cuando una persona utiliza plantillas. Una plantilla modifica las condiciones bajo las que el pie entra en contacto con el suelo y puede producir determinados cambios biomecánicos. También existen estudios en los que las ortesis plantares han reducido el dolor lumbar y la discapacidad en algunas personas.
Entonces, ¿qué significa llevar plantillas y seguir teniendo dolor de espalda? ¿Qué ocurre cuando caminamos con ellas o sin ellas? ¿Y si modificamos el apoyo, el movimiento o la tarea?
Quizá no necesitemos empezar buscando una explicación. Podemos empezar observando qué ocurre.
En este artículo vamos a explorar qué sabemos sobre la relación entre los pies y el dolor de espalda, qué papel pueden tener las plantillas y, sobre todo, qué preguntas siguen abiertas cuando tenemos delante a una persona concreta.
¿Existe realmente relación entre los pies y el dolor de espalda?
La investigación sugiere que algunas características del miembro inferior pueden aparecer asociadas al dolor lumbar, pero eso no significa que podamos señalar al pie como su causa.
Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en 2024 reunió 13 estudios y 102.359 participantes. Entre sus resultados encontró una asociación entre una mayor pronación del pie y el dolor lumbar. También aparecieron asociaciones con algunas características de la cadera y la rodilla.
Sin embargo, los propios autores señalan importantes diferencias entre los estudios y limitaciones metodológicas que impiden establecer conclusiones definitivas sobre estas relaciones.
Esto introduce una diferencia fundamental.
Podemos observar una determinada forma de pisar y encontrar dolor de espalda en la misma persona. Podemos incluso saber que determinadas características aparecen asociadas con mayor frecuencia en grandes grupos de población.
Lo que no podemos hacer es convertir automáticamente esa asociación en la explicación de lo que ocurre en una persona concreta.
El pie puede aportarnos información. La espalda también. La relación entre ambos puede convertirse en una pregunta que merece la pena explorar, pero no necesitamos decidir de antemano cuál explica a cuál.
Una diferencia en la pisada no nos explica por sí sola el dolor
Cuando observamos un pie más pronado, un arco diferente o una forma particular de apoyar, podemos sentir la tentación de encontrar ahí la explicación: «esta persona pisa así y por eso le duele la espalda».
Pero los datos que acabamos de ver no permiten llegar tan lejos.
Incluso cuando una característica aparece asociada estadísticamente al dolor lumbar, seguimos sin saber qué significa esa característica en la historia de una persona concreta. Puede formar parte de cómo se mueve actualmente, convivir con otras muchas características o no tener la relevancia que inicialmente imaginábamos.
Por eso, en lugar de utilizar la pisada como un veredicto, podemos utilizarla como una oportunidad para preguntar.
¿Qué ocurre cuando caminas? ¿Qué percibes al apoyar un pie y el otro? ¿Cambia algo cuando modificamos la posición, la velocidad o la tarea? ¿Qué ocurre en los pies? ¿Y en la espalda?
No buscamos una forma de pisar que todas las personas deban reproducir.
Observamos una manifestación, modificamos alguna condición y escuchamos qué respuesta aparece.
¿Qué ocurre cuando introducimos una plantilla bajo los pies?
Una plantilla cambia físicamente las condiciones en las que el pie entra en contacto con el suelo. Puede modificar presiones, fuerzas o determinados movimientos mientras caminamos o realizamos otras tareas.
Pero que algo cambie no significa automáticamente que lo hayamos corregido.
Una revisión sistemática de 2022 analizó 24 estudios sobre los efectos biomecánicos de las ortesis plantares. Encontró modificaciones principalmente en los segmentos más cercanos al pie: por ejemplo, cambios en la inversión del tobillo y en las fuerzas y presiones plantares. Además, los efectos variaban dependiendo de la tarea realizada.
Los propios investigadores señalan que todavía no está claro hasta qué punto las características de cada ortesis producen efectos diferentes ni si esos efectos son iguales en poblaciones distintas.
Esto cambia bastante la pregunta.
En lugar de pensar únicamente:
«¿La plantilla está colocando correctamente mi pie?»
podemos preguntarnos:
¿Qué ocurre conmigo cuando introduzco esta plantilla?
¿Qué percibo al estar de pie? ¿Qué cambia al caminar? ¿Qué ocurre cuando entreno? ¿Cómo lo sienten mis pies? ¿Y mi espalda? ¿La respuesta permanece igual en tareas diferentes?
No necesitamos asumir que una modificación biomecánica sea buena o mala por sí misma.
La plantilla modifica una condición. La respuesta de la persona nos ofrece nueva información.
¿Pueden unas plantillas cambiar el dolor de espalda?
Esta pregunta es especialmente interesante porque podríamos pensar que una plantilla actúa principalmente sobre los pies. Sin embargo, las ortesis plantares también se han estudiado específicamente en personas con dolor lumbar.
Un metaanálisis reciente reunió 7 ensayos clínicos aleatorizados y 423 participantes. En conjunto, las personas que utilizaron ortesis plantares mostraron una reducción del dolor y de la discapacidad frente a los grupos de control.
Pero hay un matiz fundamental: la calidad global de la evidencia fue baja, existía heterogeneidad entre los estudios y no todas las modalidades de plantilla mostraron los mismos resultados. Los propios autores señalan además que todavía necesitamos conocer mejor sus efectos a largo plazo.
Por tanto, tampoco sería riguroso concluir que las plantillas solucionan el dolor lumbar.
Lo que sí podemos decir es algo mucho más interesante: modificar una condición bajo los pies puede coincidir con cambios en la experiencia de dolor y discapacidad de algunas personas con dolor lumbar.
Eso abre una pregunta que no necesitamos responder de antemano:
¿Qué significa esa modificación para ti?
Una persona puede utilizar plantillas y encontrarse mejor. Otra puede seguir teniendo molestias. Incluso una misma persona puede descubrir respuestas diferentes dependiendo de la actividad o del momento.
La plantilla no necesita convertirse ni en la solución ni en la culpable.
Puede convertirse en una condición más que merece la pena incluir en nuestra exploración.
Cuando coinciden dolor lumbar y cambios en los pies
Otra revisión sistemática con metaanálisis estudió específicamente a personas que presentaban dolor lumbar crónico y pies pronados.
La revisión incluyó 4 ensayos clínicos aleatorizados y 268 participantes. Las intervenciones estudiadas actuaban sobre el pie: en dos ensayos se utilizaron ortesis plantares personalizadas y en otros dos, programas de ejercicio. En conjunto, los autores encontraron reducciones tanto del dolor como de la discapacidad.
Este resultado es especialmente útil para nuestro recorrido porque evita dos conclusiones demasiado rápidas.
No podemos decir que una determinada forma del pie esté provocando necesariamente el dolor de espalda.
Pero tampoco podemos afirmar que intervenir sobre las condiciones relacionadas con los pies sea irrelevante para la espalda.
Podemos modificar algo y observar qué ocurre.
Si la respuesta cambia, hemos obtenido información. Pero esa respuesta no demuestra por sí sola cuál era la causa del dolor ni nos permite anticipar qué ocurrirá con otra persona.
Ahí aparece para nosotros una diferencia importante entre utilizar una intervención como respuesta y utilizarla también como pregunta.
La evidencia puede orientarnos sobre qué merece la pena explorar. La respuesta de la persona nos ayuda a decidir por dónde continuar.
Prueba este ejercicio y observa qué ocurre
En el siguiente vídeo te proponemos un pequeño ejercicio. No necesitas hacerlo buscando corregir tu pisada ni conseguir una sensación determinada.
Simplemente hazlo y observa qué ocurre.
Antes de empezar puedes prestar atención a cómo sientes tus pies en contacto con el suelo, cómo repartes el peso o qué sensaciones aparecen en el resto de tu cuerpo.
Después realiza la propuesta del vídeo y vuelve a observar.
¿Sientes algo diferente al apoyar los pies? ¿Ha cambiado alguna sensación en tu cuerpo? ¿Te resulta más cómodo, más incómodo o simplemente distinto? ¿Ha aparecido algo que no esperabas?
Y también puede ocurrir que no percibas ningún cambio significativo.
Eso también es información.
El objetivo del ejercicio no es demostrar que los pies estén provocando lo que ocurre en tu espalda ni que exista una determinada relación entre ambas zonas. Es mucho más sencillo:
hemos modificado algo y ahora podemos escuchar qué respuesta aparece.
Esa respuesta no necesita darnos una explicación. Puede simplemente ayudarnos a construir la siguiente pregunta.
Una respuesta diferente no nos dice todavía por qué ha ocurrido
El ejercicio anterior puede producir una sensación diferente. Quizá notes más un pie, cambie la forma en la que percibes el apoyo o aparezca alguna modificación en otra zona de tu cuerpo.
Es tentador interpretar inmediatamente esa respuesta.
«Entonces el problema estaba en los pies.»
O quizá:
«Entonces los pies estaban provocando lo que ocurría en mi espalda.»
Pero una respuesta no necesita convertirse en una explicación.
Si modificamos una condición y algo cambia, sabemos precisamente eso: que ante esa modificación ha aparecido una respuesta diferente.
A partir de ahí podemos volver a probar, comparar, modificar otra condición o regresar a la situación inicial. Poco a poco, cada respuesta puede ayudarnos a decidir cuál podría ser la siguiente pregunta.
Y si no cambia nada, tampoco necesitamos considerar que el ejercicio haya «fallado».
Que algo cambie es información. Que no cambie también puede serlo.
Así, los pies dejan de ser necesariamente el origen del problema o el mensajero de algo que sucede en otra parte.
Pueden ser, sencillamente, uno de los lugares desde los que empezar a explorar a la persona que tenemos delante.
Si utilizas plantillas, también podemos incluirlas en la exploración
Utilizar plantillas durante meses o años no significa que tengamos que darlas por buenas, malas o irrelevantes. Forman parte de las condiciones con las que actualmente te mueves.
Por eso pueden entrar también en la exploración.
Podemos observar qué ocurre al estar de pie con ellas. Qué sucede al caminar. Cómo responde tu cuerpo durante determinados movimientos o ejercicios. Y, cuando tenga sentido hacerlo, comparar algunas de esas situaciones con otras condiciones.
No se trata de quitar las plantillas para comprobar si «eran el problema» ni de mantenerlas porque necesariamente estén «corrigiendo» algo.
Se trata de no perder una oportunidad de observar.
Si aparece una diferencia, podemos seguir preguntando. Si no aparece, también hemos obtenido información. Y si las respuestas cambian dependiendo de la tarea, del momento o de las condiciones, eso también forma parte de lo que estamos descubriendo.
No buscamos que la plantilla gane o pierda. Buscamos comprender mejor qué ocurre contigo.
Esto tampoco significa modificar o abandonar por tu cuenta una ortesis que te haya indicado un profesional sanitario. La exploración debe respetar siempre tu situación y el motivo por el que fue prescrita.
Pies y espalda pueden formar parte de una misma exploración. Observar qué cambia cuando modificamos el apoyo puede ofrecernos información, sin asumir de antemano qué está causando qué.
No necesitamos encontrar dónde empezó todo
Cuando coinciden problemas en los pies y dolor de espalda puede aparecer una pregunta casi inevitable:
«¿Qué empezó primero?»
Encontrar una respuesta puede parecer importante porque esperamos que nos indique dónde está el origen. Pero incluso conocer qué molestia apareció antes no nos permite saber necesariamente qué relación existe entre ambas.
La historia de una persona sí nos importa. Queremos saber cuándo comenzaron las molestias, qué estaba ocurriendo entonces, cómo han evolucionado, qué decisiones se tomaron, cuándo aparecieron las plantillas y qué ha sucedido desde entonces.
Pero utilizamos esa historia para construir mejores preguntas, no para fabricar una explicación retrospectiva.
Quizá descubramos relaciones interesantes al explorar. Quizá algunas de nuestras hipótesis cambien durante el proceso. O quizá aquello que inicialmente parecía fundamental termine teniendo poca relevancia.
No necesitamos encontrar un primer culpable para poder empezar.
Podemos partir de cómo estás hoy, conocer tu historia y explorar qué ocurre cuando interactuamos contigo.
La forma de apoyar también puede formar parte de la exploración
Pronación, supinación, un arco más alto o más bajo, diferencias entre un pie y otro… son características que podemos observar.
Pero observar una diferencia no nos dice todavía qué significa para esa persona.
De hecho, como hemos visto, la investigación ha encontrado asociaciones entre algunas características del miembro inferior y el dolor lumbar. Eso hace que observar los pies pueda ser interesante, pero no convierte una determinada pisada en un diagnóstico sobre lo que está ocurriendo en la espalda.
Podemos mirar cómo apoyas. Podemos preguntarte qué percibes. Podemos observar qué ocurre al caminar, al cargar peso o al realizar determinados movimientos. Y podemos modificar alguna de esas condiciones para comprobar qué respuesta aparece.
La diferencia está en la pregunta.
En lugar de:
«¿Qué está mal en tu pisada?»
podemos preguntarnos:
«¿Qué podemos descubrir de ti a través de tu forma de apoyar y de las respuestas que aparecen cuando interactuamos con ella?»
Así, la pisada deja de ser algo que necesariamente tenemos que clasificar como correcta o incorrecta y se convierte en otra manifestación desde la que podemos seguir explorando.
¿Qué dice la ciencia sobre los pies, las plantillas y el dolor lumbar?
La investigación permite afirmar que existe un territorio de relación entre los pies, determinadas características del miembro inferior y el dolor lumbar. Pero también muestra por qué debemos ser prudentes al interpretar esa relación.
Algunas características del miembro inferior aparecen asociadas al dolor lumbar
Una revisión sistemática con metaanálisis de 2024, que reunió 13 estudios y más de 100.000 participantes, encontró una asociación entre una mayor pronación del pie y el dolor lumbar.
Eso nos habla de una asociación entre variables, no demuestra que la pronación sea la causa del dolor lumbar ni permite saber qué significa esa característica en una persona concreta.
Las plantillas pueden modificar algunas variables biomecánicas
Una revisión sistemática de 2022 encontró que las ortesis plantares pueden producir cambios biomecánicos, especialmente en segmentos próximos al pie, y que sus efectos pueden variar según la tarea realizada.
Por tanto, introducir una plantilla sí modifica determinadas condiciones, pero no podemos traducir esos cambios automáticamente en una reorganización predecible de todo el cuerpo.
También se han observado cambios en personas con dolor lumbar
Los ensayos clínicos disponibles muestran que las ortesis plantares pueden asociarse con reducciones del dolor y la discapacidad en algunas personas con dolor lumbar. Sin embargo, la evidencia presenta limitaciones y no permite concluir que las plantillas sean una solución universal ni que estén actuando sobre una única causa.
Otra revisión centrada específicamente en personas con dolor lumbar crónico y pies pronados encontró también reducciones del dolor y la discapacidad tras intervenciones dirigidas al pie, entre ellas ortesis plantares y ejercicio.
¿Qué podemos concluir de todo esto?
La ciencia nos permite saber que pies, características de la pisada, plantillas y dolor lumbar pueden relacionarse de diferentes maneras.
Lo que no puede decirnos es qué significado tiene esa relación en la persona concreta que tenemos delante.
Por eso, para nosotros, la evidencia no cierra la pregunta. Nos ayuda a construirla mejor.
La evidencia nos permite conocer mejor el territorio. No sustituye el encuentro con la persona que tenemos delante.
Preguntas frecuentes sobre los pies, las plantillas y el dolor de espalda
¿Los problemas en los pies pueden provocar dolor de espalda?
Se han encontrado asociaciones entre algunas características del miembro inferior y el dolor lumbar, pero una asociación no demuestra que el problema del pie sea la causa del dolor de espalda. En una persona concreta necesitamos conocer su historia y observar qué ocurre antes de atribuir significado a esa relación.
¿Una mala pisada puede ser la causa de mi dolor lumbar?
Hablar de «mala pisada» ya presupone que existe una forma correcta de apoyar que todas las personas deberían reproducir. Podemos observar pronación, supinación u otras características del apoyo, pero su presencia no explica por sí sola por qué una persona tiene dolor lumbar.
¿Las plantillas pueden ayudar si tengo dolor de espalda?
Algunos ensayos clínicos han encontrado reducciones del dolor y la discapacidad con ortesis plantares en determinadas personas con dolor lumbar. Sin embargo, la evidencia todavía presenta limitaciones y no permite considerar las plantillas una solución universal para el dolor de espalda.
Si utilizo plantillas, ¿debería probar a caminar o entrenar sin ellas?
No necesariamente. No recomendamos retirar por tu cuenta una ortesis prescrita por un profesional sanitario. Cuando resulte apropiado, utilizar diferentes condiciones puede formar parte de una exploración, pero el objetivo no es demostrar que la plantilla sea buena o mala, sino observar qué respuestas aparecen.
¿Qué podemos explorar si me duelen los pies y también la espalda?
Podemos conocer tu historia, observar cómo te mueves y cómo apoyas, escuchar qué percibes y modificar diferentes condiciones durante el movimiento. Cada respuesta puede ayudarnos a construir la siguiente pregunta, sin necesidad de decidir previamente que el origen está en los pies o en la espalda.
Pies y espalda: una relación que podemos explorar sin darla por explicada
Cuando coinciden problemas en los pies y dolor de espalda, sabemos que puede existir una relación, pero eso no significa que conozcamos de antemano qué significa esa relación para ti.
La pisada puede ofrecernos información. Una plantilla puede modificar determinadas condiciones. Un ejercicio puede generar una respuesta diferente. Incluso algo aparentemente pequeño puede abrir una nueva pregunta.
Pero ninguna de esas respuestas necesita convertirse inmediatamente en una explicación.
En Equilibrio Club preferimos empezar de otra manera: conocer tu historia, observar cómo te mueves, modificar condiciones cuando tenga sentido y escuchar qué ocurre contigo.
A veces algo cambia. Otras veces no. A veces aparece una respuesta que confirma nuestra primera hipótesis y otras nos obliga a abandonarla.
No necesitamos que la hipótesis tenga razón. Necesitamos que la respuesta de la persona pueda seguir orientando el camino.
Si convives con molestias en los pies, dolor de espalda o utilizas plantillas y quieres explorar qué ocurre contigo, el primer paso es nuestro Encuentro Inicial.